«No tengo palabras para agradecerles», por Marcelo Figueras

A 20 años de Oktubre.

Revista La Mano #28, julio de 2006. «20 años de Oktubre». Por Marcelo Figueras

Las razones por las que se adora a un artista son esquivas. Lo incuestionable es que el flechazo se produce porque ese artista llegó al sitio preciso, en el momento justo: los Redondos me proveyeron de la banda sonora para mi vida al promediar los ochentas, cuando yo era un joven lobo que se quemaba de amor. Hacían música que encandilaba a la muerte.

En aquel entonces, le habíamos ganado una partida a la Parca, y con los Redondos sonando en el fondo nos atrevíamos a  todo. Yo no puedo separar el recuerdo de cierto amor devastador de la experiencia del pogo en Cemento, desde que entendí que el Indio vaticinaba mi suerte al cantar «y ahora estoy en líos por mi furia / Sin un centavo encima y cae la lluvia». Ésa es una característica de los artistas que nos marcan: logran que su obra se torne indistinguible de nuestra biografía, ¿dónde termina la rama y empieza la enredadera?

Mi caso fue todavía más marcado, ya que la condición de periodista me permitía jugar al aprendiz de brujo: pude aproximarme a los magos, buscando decodificar su magia. Lo primero que conseguí fue un pedo atroz, después de conversar durante horas con el Indio, Skay y una Poli que no paraba de servirme ginebra, en aquel departamento del que solo recuerdo que daba a una esquina donde permanecí quién sabe cuánto, incapaz de levantar un brazo para un taxi. Lección aprendida: la magia no se decodifica ni se aprende, se experimenta.

Los Redondos fueron una de las armas secretas que utilicé para sobreponerme al miedo que la dictadura encriptó en mi ADN. Obcecado como soy, mientras hacía uso de esa arma seguí tratando de entender cómo funcionaba. La inventiva de la guitarra de Skay tenía mucho que ver, la forma en que colaba tristezas bálticas y melismas de Medio Oriente entre tanta electricidad. También estaba convencido de que las letras me guiñaban el ojo, el Indio había leído las mismas cosas que yo, ¿de que otra forma podía contrabandear derviches, puticlubes, parabellums, bolcheviques, saharadíes y rufianes entre sus versos? Roberto Arlt nos abrió los ojos al narrar una Buenos Aires dostoievskiana utilizando su español pungueado de los folletines de la editorial Tor, y el Indio retomaba la posta allí donde Los siete locos y Los Lanzallamas la habían dejado: Solari-Beilinson fueron los Gardel-LePera de esta Buenos Aires post-apocalíptica (porque el futuro ya había llegado y no era precisamente el que esperábamos). Utilizaban los lenguajes del Imperio (los de sus relatos electrónicos, los de sus músicas populares pero también culteranas) para reventarle el vientre desde adentro como un Alien bebé. Pero por supuesto, también estaban las frases-slogan con que el Indio apuñala mientras distrae al adversario revoleando el poncho: todo preso es político, violencia es mentir, atrapado en libertad, nuestro amo juega al esclavo, el lujo es vulgaridad.. esas que los pibes, que eran como bombas pequeñitas aún cuando nunca habían oído hablar de Arlt, reproducían en las paredes de su calle.

La mística hizo su parte en mi alma, aquello del culto a lo amateur, de la elegancia con que evitaban las limusinas y la figuración, de su negativa a treparse a los radares militares, de la pertinacia con que se aferraban al principio del placer en un país tanático. A mí me ayudó, por lo pronto, comprobar que al tratar con ellos no borraban con el codo lo escrito con la mano. Les debo también mi aproximación a la noción de tribu, en el sentido de entender que comparto códigos con mucho otros nativos que están en bolas como uno; la experiencia dictatorial hizo lo imposible por convertirme en un individualista, pero la música de los Redondos me ayudó a entender que no estoy solo.

Con los años les perdí el rastro. Lo retomé en el tramo final que constituyeron Último bondi a Finisterre Momo Sampler, para descubrir que habían hecho una de las cosas que más se le agradece a un artista: crecer con uno. Para entonces ya interpretaban un cabaret brechtiano que anticipaba la debacle de la Argentina, gobernada por el dúo definido por el Indio como Pepeto de la Ruta y Chacho Hábil.

Las Eveready de la linterna con las que encandilábamos a la muerte se agotaban, la segunda partida con la Parca había durado demasiado; la banda sonora de mi vida decía ahora «con lo que cuesta armar un full/armar algún puto full/ y jugarlo en este paño, Dios». La murga de los renegados no daba más. Aún así, los personajes como Marita, la piba con la remera de Greenpeace y el Rato Molhado culminan la saga con una nota de insólita ternura hacia aquellos que, ya está claro, no lograrán asiento en el último bondi.

Uno nunca termina de saber por qué adora a ciertos artistas, pero sabe a ciencia cierta qué artistas lo ayudan a vivir. Los Redondos forman parte de la Armada Brancaleone (¿o debería decir Armada Fernebranca?) con la que emprendí la conquista de mi vida, que estuvo a mi lado en cada batalla, que me enseñó a perder con elegancia cuando el full no llegaba y que todavía hoy me acompaña, cuando ya dejé de ser vencedor vencido, que es la condición del Quijote; aquel que persevera en su sueño aún en la derrota, ante Mandinga o ante el fin.

No tengo palabras para agradecerles. Sólo puedo dar fe de su persistencia en Ia razón.

Otros artículos de esta edición especial de la Revista LA MANO:

De 2006 a 1986. De regreso a Oktubre
Andrés Teocharidis y el final de una época
Por sobre todo: el fenómeno, por Roberto Petinatto
Skay analiza Oktubre: «Es un disco honor a todas las revoluciones»
Atrapado en libertad, por Alfredo Rosso
Noches sin trapos – Recuerdos de Oktubre, por Fernando García
«De murciélagos y máquinas del tiempo», por Martín Pérez
Por la defensa del estado de ánimo, por Gloria Guerrero


2 respuestas a “«No tengo palabras para agradecerles», por Marcelo Figueras

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s