Andrés Teocharidis y el final de una época

A 20 años de Oktubre, el recuerdo de un ex redondo fallecido.

Revista La Mano #28, julio de 2006. «20 años de Oktubre».

Poco después de los shows de la presentación de Oktubre, la banda de los dos primeros discos de Los Redondos se separó. Tito Fargo se dio cuenta que no había lugar para su faceta como compositor en la banda y se fue a tocar con Claudia Puyó. El Piojo Ábalos lo acompañó y Willy Crook se fue dando un portazo, alegando que se aburría con tantos ensayos, que prefería la primera etapa del grupo. Se fue a tocar con Miguel Abuelo, donde asegura la Negra Poly, «se debe haber divertido de lo lindo».

«Fue un momento donde no sabíamos si íbamos a seguir», recuerda Skay. «No nos propusimos hacer un cambio en la banda, pero todo coincidió con la muerte de Andrés, y de alguna manera fue el final de una época. Nosotros nos fuimos con la Negra a España donde llegué a tocar con Los Toreros Muertos porque Guillermo Piccolini era fan de los Redondos. Cuando volvimos armamos la banda con los que estaban».

Amigo de la infancia de Andrés Calamaro y de Paul Dourge -ex bajista de Fito Páez-, Andrés Teocharidis falleció en un accidente de auto, durante unas vacaciones, justo después de la presentación de Oktubre. «Andrés era del Liceo Francés, como Paul», recuerda Calamaro. «Pasamos un verano entero escuchando A night in the opera, de Queen, y también Crisálida de Espíritu, y a Spinetta. Solíamos ensayar los tres en la Fundación Haydn, en el pasaje Seever. Después Andrés entró en el Conservatorio para estudiar música de verdad. Pasaron años, y nos reencontramos en algún momento de los ochenta, cuando yo ya estaba con los Abuelos. Recuerdo cómo miró los teclados. Creo que se lo pensó, y quiso volver a ensayar rock justo en ése momento».

Aunque sólo había tocado en ese concierto, Andrés Teocharidis ya era parte de Los Redondos. Al menos es así como lo recuerdan Poly y Skay. Su prematura muerte fue un golpe tremendo para su familia y sus amigos. «Yo le había prestado un teclado para que lo tocase en Paladium, cuando se le rompió el Hammond», recuerda Abel Gilbert, periodista y músico. «Su muerte fue algo tan difícil de superar que nunca fui a buscar ese teclado, que quedó durante años en la sala de ensayo de los Redondos».

LOS TEMAS MARGINADOS DEL DISCO
En 1985 y 1986, en los shows que tocaban en lugares como La Esquina del Sol, el Depósito, Látex, Stud Free Pub y el tradicional Teatro Bambalinas, los Redonditos matizaban el tradicional material de Gulp! con varias canciones inéditas de antigua data como Roxana Porchelana, El grodo tramposo, el Rock’n roll del país, Patricio Disco Show Nene nena.

Pero en los doce meses que van de la salida del álbum debut,  Gulp!, hasta la aparición de Oktubre en la primavera del 1986, los Redondos subirían la apuesta , ampliando su repertorio con una gran cantidad de temas nuevos, muchos de los cuales no entraron en su segundo larga duración.

El más conspicuo es De estos polvos futuros lodos, cuya decisión de excluirlo de Oktubre debe haber sido tomada a último momento, ya que la letra figuraba en el interior del sobre de la edición de vinilo de dicho álbum. La canción se hizo presente en la primera tanda de shows que los Redondos dieron en Paladium, en mayo del 86, y en los siguientes meses las masas ricoteras se acostumbraron a corear su estribillo: «…bailen lo que bailen los demás«.

Otro conspicuo por su ausencia, a la hora de recorrer la lista de temas de Oktubre era El regreso de Mao, un furibundo rocker cuya letra engarzaba historias de guerrillas y cocaína en medio de la jungla amazónica, y que en más de una ocasión dio el puntapié inicial del segundo tiempo de los recitales de la banda.

Hubo otro rock energético que quedó en el tintero de Patricio Rey y que asomó sus acordes en la segunda serie de shows en Palladium, en octubre de 1986: el llamado Rock de las Abejas, pero también permanecen en el limbo de la historia oficial ricotera notables baladas como Rodando Mi genio amor, con aquella inolvidable estrofa inicial: «Si empiezo a desconfiar de mi suerte estoy perdido / pues tengo ideas cada vez menos atrevidas…»

Cerramos la lista con un experimento bizarro, una composición que sólo llegaron a tocar en un par de oportunidades, entre ellas la sala de La Capilla, en Suipacha entre Córdoba y Paraguay. El tema acercó fugazmente a los Redondos al campo del ska, y fue conocido con el título provisorio de  Kataschok.

Otros artículos de esta edición especial de la Revista LA MANO:

De 2006 a 1986. De regreso a Oktubre
Por sobre todo: el fenómeno, por Roberto Petinatto
Skay analiza Oktubre: «Es un disco honor a todas las revoluciones»
Atrapado en libertad, por Alfredo Rosso
Noches sin trapos – Recuerdos de Oktubre, por Fernando García
«De murciélagos y máquinas del tiempo», por Martín Pérez
Por la defensa del estado de ánimo, por Gloria Guerrero
«No tengo palabras para agradecerles», por Marcelo Figueras


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