Willy Crook: viejo lobo de mar

Luego de cuatro años de silencio discográfico Willy Crook, regresa con «Fuego amigo». Entrevista exclusiva de 10Música.

10MUSICA.COM. 11.01.2005. Entrevista de Jesica Rosenberg

Willy Crook es uno de los personajes más pintorescos del rock nacional. Ocurrente para la frase, buen saxofonista, un apellido inglés y un orígen marítimo: Villa Gesell. Tocó con todos: Memphis, Pappo, Redondos, Sumo. En los 90 se hizo solista casi por accidente, y tuvo muchísimo éxito haciendo soul, funk y algo de jazz, junto a su banda de virtuosos: Los Funky Torinos.

Ahora es el momento del retorno tras un largo silencio. Su nuevo álbum se llama Fuego Amigo, y comenzará a ser estrenado el jueves 13 de enero, en el Chacarerean Theatre de la calle Nicaragua. 10Música fue a buscar a Crook a su madriguera, y lo encontró, como siempre, de un humor excelente.

¿Hay un mayor predominio del blues en Fuego Amigo que en tus trabajos anteriores?
Si, este disco esta hecho en función de mi formación actual que es un trío. Además, no olvidemos que mis raíces son “rock n’ rolleras” y bluseras; que tocaba con Memphis y Pappo y que mi banda eran Los Redondos. Yo en mi discoteca personal tengo Back In Black al lado de Sonatas y Partitas de Bach y Burt Bacharach.

Las letras de tu nuevo álbum parecen indicar una ruptura reciente, ¿no?
No, no hubo ruptura; fui abandonado con total éxito. En la ruptura creo que hubieran sido necesarios dos participes. Pero así mismo lo tomé como elemento artístico y también la venganza de poder cobrarlo en Sadaic. Porque si cada vez que una dama me dijo “ahora vuelvo” o “yo te llamo” y todas las veces que esto ocurrió yo hubiera podido cobrarlo en Sadaic, eventualmente, sería millonario.

¿Cómo llega la Mona Jiménez a participar del disco?
Él me facilitó el estudio en Córdoba y me hice amigo. Voy bastante a menudo a tocar a Córdoba, y me ha ido muy bien. La Mona es un gran tipo, una persona muy magnética y es el rey en lo suyo. Tiene la suerte de tocar en su propia ciudad desde hace quince años y llevar 5000 personas cada vez que lo hace; yo pongo un pie en Villa Gesell y abren fuego. La Mona es un compadre del camino, ayuda al que está mal y no de bueno que es, sino que tiene código de carretera. Un tipazo, muy gracioso, gaucho. Además, idéntico a James Brown.

Hace cuatro años que no editabas material discográfico, ¿qué estuviste haciendo?
(Silencio) Regué las plantas, una vez fui al cumpleaños de un cuñado… No, estuve adaptándome a las circunstancias que fueron para mi muy deprimentes porque se fueron todos los jugadores de mi sensacional orquesta, Los Funky Torinos. Ahora ya está. Pero en ese momento fue un dolor enorme porque no había manera de laburar, de sustentarla. Con Eco había sido diferente, por lo menos tuve la suerte de poder pegar un estudio bueno, músicos sensacionales. Eco fue una obra de la producción; entré con cinco temas al estudio y el resto salió ahí, con el bajo porque yo compongo con el bajo y soy completamente adicto a él. En estos cuatro años no hubo disco porque no había garantías ni artísticas ni económicas, que casi siempre están interrelacionadas. Estuve buscándome la vida por aquí por allá, con diversas felicidades.

¿Qué sentiste cuando te enteraste de lo de Callejeros?
La verdad, no quiero hablar del tema porque es una tragedia, nada más. Espero que los hombres de Cromagnon, también conocidos como los bolicheros, a partir de ahora que descubrieron el fuego, evolucionen y aprendan la lección e inventen la rueda aunque sea. Y tal vez un día aprendan a poner las puertas como corresponden. Una reverenda cagada. Desde luego es una tragedia que nada tiene que ver con que hayan llevado chicos, con que Chabán sea un comemierda, o con que el rock bla bla bla. Es una tragedia y punto.

¿Cómo empezaste a tocar el saxo?
Empecé con un saxo de caña en Ibiza, en la casa de un amigo. Era una época en que no tenía como una opción real esto de transformarme en músico. Estaba más cerca de ser bombero, astronauta, cosas por el estilo. Pero bueno, cuando vengo a Argentina en el ’82 me compré un saxofón y en Gesell, que era mi pueblo, había una banda que era una especie de Pink Floyd extrañísima con un saxofonista con dos barbas (Roberto Petinatto), un guitarrista que tocaba de espaldas (Germán Daffunchio), y un cantante que hablaba en un idioma incomprensible, un tal Luca Prodan. Ahí nos hicimos amigos. Yo tenía un saxofón y me puse con un cassette en Gesell, y aprendí.

¿Fuiste autodidacta?
Mhhh, no se que aprendí. No hay más que preguntarle al Indio Solari, la indignación que tenía. Luca era un experto en generar el famoso fenómeno de “conventillo” italiano y entonces le decía a Petinatto (pone acento italiano): “Roberto, este tipo quiere tu puesto, eh?” Y a mí me decía: “¿No querés tocar? Porque este tipo se está por ir”. Generaba unas picas que nos enteramos después con Peti cuando nos hicimos amigos. En el ’82 Luca me dice que unos tales Redonditos de Ricota estaban probando saxofonista. Yo con mis comentarios oportunos dije, “¿Qué hacen? ¿Música para pibes?”. Bueno, pese a eso me prueban directamente en el ensayo. Y bueno, ahí aprendí a tocar, con ellos. Tal vez los que lean esta nota y hayan ido a los primeros recitales en La Esquina del sol, o  Stud Free Pub puedan certificar lo que estoy diciendo sin demasiado esfuerzo.


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