Otro show monumental en River

El espectáculo duró casi dos horas y media. Adentro del estadio todo fue una fiesta. Pero en los alrededores chocaron fans y policías. Hubo 4 heridos de balas de goma y un acuchillado.

Diario Clarín, 17 de abril de 2000. POR JAVIER ROMBOUTS y PAULA ALVAREZ VACCARO

Más de 70.000 personas volvieron ayer a corear los temas de Patricio Rey y sus redonditos de ricota en medio de un show ricotero con banderas y mucho rocanrol. Adentro del estadio hubo fiesta pero afuera, otra vez, hubo descontrol. Cuando todavía el Indio Solari ni siquiera había abierto la boca, los alrededores del estadio de River eran el escenario donde 35 heridos -cuatro por balas de goma- y 25 detenidos por robo, disturbios y tenencia de drogas, no iban a poder festejar .

«Indio, rey de esta jungla», rezaba la bandera de Lugano que flameaba sobre un estadio que desde temprano comenzó a llenarse. Entre los típicos cantitos de cancha con letra adaptada para la ocasión y las banderas de cada barrio crecía una gran ansiedad. A las 20.30 se bajaron las luces. La espera se apaciguó con música clásica a todo volumen. Minutos después, Carlos «El Indio» Solari, «alma mater» de la banda, salió junto a Skay, una especie de «alma pater», y los demás músicos. El arranque fue un estallido. Después del clásico y escueto «Bienvenidos al circo», dicho por Solari, comenzaron los acordes de «El ángel de la soledad», el primer tema que invitaba a bailar. «Preso de tu ilusión vas a bailar, a bailar, bailar», cantaba el nada ilusorio Solari desde el escenario.

En medio de la marea humana desplegada en el campo, los pocos que se abrían camino hacía adelante lo hacían llevando bengalas. Desde temprano algunos eligieron tirarlas desde las plateas altas hacia el pasto y, entre corridas para no quemarse, los de abajo respondían con insultos. Marina Giménez (25) y su novio Germán Perfumo (32) miraban desde la platea. Habían llegado desde Longchamps a ver el show. «Pero no en el campo porque ya no se puede. La época en que estos tipos tocaban al lado tuyo y estaba todo bien ya pasó. Entre los que prenden bengalas y los que te quieren afanar no se puede», dijo Germán, quien también aclaró que «fuera de eso, en la platea está todo bien».

Cuando ya habían pasado los primeros 10 temas («Queso ruso», «Motorpsico» y «El pibe de los astilleros», entre los más celebrados y antiguos), a las 21.45, la banda desapareció del escenario en el primero de los 3 intervalos que realizaron. Según el fiscal a cargo de las intervenciones en el show, Luis Dua Castells, esos intervalos «fueron un ofrecimiento de la banda para ayudar a descomprimir la situación». Cuando regresaron, hubo un nuevo cóctel de pura sangre ricotera: «Mi perro dinamita», «Negrita» y «Ñam fi fruli», estrenaron el tramo que llevó al final del show cuando tocaron «Juguetes perdidos», donde se registró el mayor encendido de antorchas. A las 22.00 se volvió a levantar la potencia de las luces -que durante todo el recital fueron graduadas en intensidad y no dejaron nunca el estadio a oscuras-, y la banda cerró el show.

Inmóviles y acostumbradas a no irse a casa sin «Ji, Ji, Ji» -un tema infaltable en los recitales de los Redondos-, la gente esperó durante 15 minutos la reaparición del grupo para escuchar los primeros bises. Con ellos llegaron temas como «El blues de la artillería», «Vamos las bandas» y «Esto es todo, amigos».

¿Podría ser éste el último show de la banda platense que hace casi tres décadas repartía masitas de ricota? La misma que daba shows sin aviso y que ahora saluda desde lo alto del rock colectivo nacional. Algunos desesperados en la puerta creían que sí, que era la despedida. Cuando el recital ya estaba en su último tramo, la puerta estaba casi desierta. Pero dos chicos de no más de 20 años, camperas de jean, remera ricotera y zapatillas, rogaban: «Dejame pasar, te lo pido. No podemos comprar la entrada y me dijeron que no tocan nunca más». «Quedate tranquilo pibe -le respondió el encargado de la seguridad, que se negaba a darle paso- están grabando un disco nuevo, ¿a vos te parece que no van a tocar más?».

Por ahora esa pregunta no tiene respuesta. Alguna vez -después de los shows en Huracán de 1994, donde hubo incidentes- también se pensó que no volverían a tocar en la Capital. El sábado y ayer se rompió aquella decisión del grupo. Y aunque sus bandas nómades los siguen donde vayan, como parte de la mítica ricotera, el recital de River era la reconquista porteña. Por eso, antes del final, y como una revancha por los incidentes, Solari dijo su última frase: «Vamos a provocar el pogo más grande del mundo». Habría que buscar a los otros postulantes, pero 70.000 personas bailando y saltando a la vez, bien pueden llevarse el primer puesto.


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