Más de 60.000 personas vibraron con Los Redondos

Show monumental: fue el recital más importante de la carrera del grupo que lidera el Indio Solari. Aunque se temían graves incidentes, la alegría fue más fuerte. Pero hubo sofocados, golpes y heridos, dos de ellos por navajazos. El grupo hacía seis años que no se presentaba en la Capital Federal. Esta noche volverá a actuar.

Diario Clarín, 16 de abril de 2000. Por Roxana Fernandez y Javier Rombouts

Los Redonditos de Ricota dieron ayer el concierto más importante -por el ámbito imponente del estadio de River, y por los más de 60.000 fanáticos que lo colmaron- de su ya larga carrera. Después de seis años de no tocar en la Capital, ofrecieron un show impecable, lleno de temas que son virtuales himnos de una generación. Pero la existencia de incidentes en la mitad del campo, que produjeron dos heridos por arma blanca y once detenidos, empañó lo que de otro modo hubiese sido una fiesta perfecta.

La historia de desbordes que salpica al público de Los Redondos había determinado que se tomaran múltiples precauciones. Desde temprano, unos 1200 policías acompañados por perros, caballos y camiones hidrantes habían rodeado la zona. El barrio, que amaneció con las persianas de sus casas bajas y todos sus negocios cerrados, estuvo custodiado durante todo el día por helicópteros y patrulleros. Las puertas se abrieron a las 14. Para entrar, el público debía pasar por varios controles. El personal de seguridad les pedía por altoparlantes que tuvieran sus entradas en la mano, que se levantaran las remeras y que caminaran lentamente. A las seis de la tarde el estadio parecía estar repleto. En un clima distendido, los chicos esperaron sentados en el campo.

«Indio, si te casas en el cielo me moriría para verte», «Patricio Rey, un sentimiento», «Los Redondos, mi genio, mi amor», decían algunas de las tantas banderas que se desplegaron por la cancha. Los más de 60.000 fanáticos -según cálculos de la Policía- estallaron en un solo grito cuando a las 20.10 apareció en el escenario la banda liderada por el Indio Solari. Había empezado la fiesta. El primero de los shows que dieron en River tuvo como marco el estribillo de «La bestia pop», ese que pide: «A brillar, mi amor».

Con algunos temas de su último trabajo, Ultimo bondi a Finisterre, y un gran agite del público, Los Redondos arrancaron un show potente, intachable en lo técnico y en lo musical. «El pibe de los astilleros» fue el primer tema. Le siguieron «El angel de la soledad», «Mis amantes» y «La hija del fletero», que remitieron a discos como La mosca y la sopa y Lobo suelto, cordero atado. A esa altura, miles de encendedores y bengalas de colores iluminaban la noche de Núñez. La masa de chicos de jeans y zapatillas saltaba al unísono, sin parar. Una inmensa bandera de Tapiales que rezaba «Cuando el juego crezca quiero estar allí» -de una de las maravillosas letras del Indio Solari-, daba vueltas por el estadio. Mientras tanto sonaban los acordes de «Scaramanzia», «Capitán Buscapina», «Estás frito, Angelito», «Tarea fina» y «Queso ruso». Emilse, de 22 años, cantaba sin dejar de abrazar a su novio, Roberto. «Es la primera vez que me trae y por eso lo amo, estoy recontenta», dijo la chica.

Antonio no sólo había llevado a Cecilia, su mujer; también cargaba con Gloria, su suegra, y Julieta y Gonzalo, sus hijos de 6 y 4 años. «Los traje porque no pasa nada, no tengo miedo. Siempre vemos a San Lorenzo, los nenes están acostumbrados.» Pero después algo empañaría esa alegría. A las 21.30 empezaron las corridas en el campo de juego, que terminaron con once detenidos y dos heridos que fueron trasladados al hospital Pirovano, entre ellos el promotor de los incidentes, que fue detenido, según dijo luego el subcomisario Carlos Cheroni. Alertados sobre los hechos, Los Redondos pisaron el freno: el show se suspendió durante 25 minutos.

Cuando la banda regresó al escenario, el Indio Solari estaba visiblemente enojado. «Vean esta noche como una de las últimas que tocamos. Vamos a continuar con el espectáculo por respeto a los que vinieron de lejos, pero hay un par de hijos de puta que están lastimando gente», dijo. En esa nueva calma se escucharon los temas «Pogo», «Nuestro amo juega al esclavo» y «Juguetes perdidos», que dio pie a una dedicatoria muy especial. «Este tema es para los Redonditos que están arriba: es para Walter», dijo Solari, haciendo referencia a Walter Bulacio. Fue la primera vez que el líder de los Redondos le dedicó una canción al joven de 17 años que murió luego de haber sido detenido por la Policía, al término de un recital que dio el grupo en Obras, nueve años atrás.

Ese fue el final oficial. Veinte minutos después llegaron los bises, todos clásicos como «Nueva Roma», «Nadie va a escuchar tu remera», «Motorpsico» y «Ji-ji-ji». Los dos heridos dejaron en los fanáticos y en la banda un regusto amargo que ojalá nadie pruebe otra vez. Esta noche tendrá lugar el segundo concierto en River.


POLAROIDS DE RIVER

Un sitio donde apoyar mi cabeza
Por temor a los destrozos, los comerciantes prefirieron cerrar sus negocios. Restoranes, lavaderos de autos, locales y almacenes mantuvieron sus persianas bajas y algunos tapiaron las vidrieras con tablones de madera (como el de la foto de la derecha). La concesionaria de autos de Udaondo y Libertador sacó los vehículos de exposición. El lugar se llenó de jóvenes que habían viajado del interior: lo usaron para pasar la noche.

El fantasma de Walter Bulacio
«Yo sabía, yo sabía, a Bulacio lo mató la Policía.» El cantito se escuchaba ayer a cada rato en las inmediaciones de River. Walter Bulacio tenía 17 años cuando la Policía lo detuvo a la salida del recital que la banda dio el 19 de abril de 1991 en el estadio Obras. Estuvo en un calabozo de la comisaría 35 algunas horas, hasta que fue internado. Entró en coma profundo a raíz de una hemorragia cerebral y murió una semana después. Desde entonces, la familia Bulacio sostiene que el chico fue golpeado en la comisaría.

Los que aprovecharon la volada
Las calles cercanas al estadio se llenaron de puestitos que ofrecían desde merchandising de la banda hasta panfletos políticos. Por un peso se podía comprar una vincha o un llavero de cuero del Indio Solari. Las remeras con la inscripción «Los Redondos, pasión de multitudes» o con la foto del DNI de Solari, se vendían a diez pesos. Los partidos políticos chicos como la Izquierda Unida, el Frente de la Resistencia y el Obrero también aprovecharon el movimiento de jóvenes para hacer campaña.

Martín Pescador, ¿pasará?
A unos 700 metros del estadio, personal de seguridad con pecheras amarillas pedía por altoparlantes que todos tuvieran las entradas en sus manos. Entre ellos tuvo que pasar Daniel, un señor mayor que volvía de una tarde de pesca en Olivos con su sobrino Gonzalo. El hombre, de short, remera y con un bolso lleno de anzuelos y carnadas, se vio obligado a explicar que su casa estaba a dos cuadras del estadio. «¿Tuvo suerte con la pesca?», quiso saber el guardia. Después lo dejó pasar.

Un incidente en Mendoza

La Policía mendocina detuvo ayer a 143 fanáticos de los Redonditos de Ricota que viajaban a Buenos Aires para ir al recital de River. Treinta de ellos habían robado bebidas alcohólicas en un minimercado de la ruta. Pero retuvieron a todos durante 20 horas y ninguno pudo llegar a disfrutar de la banda. Cuando habían pasado unos minutos de la medianoche del viernes, la caravana de tres micros repletos de fanáticos hizo una parada en una estación de servicio de la localidad de Alto Verde, a 70 kilómetros de la ciudad de Mendoza. Un grupo entró al minimarket y arrasó con las góndolas: «Se llevaron latas de cervezas, cajas de vino y sandwiches», explicó a Clarín el comisario Javier Chacón. El encargado del local llamó a la Policía, que llegó rápidamente en una docena de patrulleros. Entre los 143 pasajeros (seis eran menores) se encontraron pequeñas dosis de droga para consumo personal. Todos fueron llevados a la jefatura de policía, donde estuvieron detenidos hasta las ocho de la noche de ayer. «Trabajé un mes para pagarme el pasaje y tengo entradas para los dos recitales», contó angustiado Mariano, que como sus compañeros de viaje se quedó sin los Redondos.


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