Todo crimen es político

El asesinato de Walter, por Enrique Symns.

Revista Cerdos & Peces #39. Junio de 1991. Por Enrique Symns

Nunca deja de asombrarme esa mecánica hipócrita con que los políticos, los agentes de la cultura, los medios de comunicación y quizá también la «opinión pública» aceptan e integran fenómenos siniestros que acontecen en el entramado orgánico de la convivencia social. Voy a citar dos ejemplos.

El primero se refiere a la institucionalización fáctica, de hechos y acciones delictivas o por lo menos anticonstitucionales Es sabido (y existen hasta tarifas estipuladas) que la Policía Federal recibe dinero para dar «protección» en ciertos eventos tales como recitales de rock o simplemente para dejar custodias en un barrio o en una institución. Tanto el sobresueldo del agente como la tarifa por el evento masivo es cobrada en comisarias. No lo hacen como ciudadanos fuera de su horario de trabajo. No, trabajan con uniforme, credencial y por tanto son REPRESENTANTES DEL GOBIERNO.

¿No resultaría absurdo que los diputados cobraran tarifas especiales para ciertas investigaciones, que los bomberos demandaran tarifas para incendios «especiales»? Si es un delito que el diputado cobre una tarifa especial, también lo es para un policía. Cualquier arreglo es una «coima» institucionalizada pero no por ello menos delictiva. Sin embargo, la sociedad acepta este hecho, los artistas y los clubes les pagan para que los cuiden y para que castiguen a los exaltados. «Una vez que el estadio se llenó, detengan o espanten a los que se quedan alborotando».

El segundo hecho es aún más grave. El atentado a Pino Solanas reveló en términos económicos la diferente cotización que tienen las vidas humanas en el mercado social. Solanas y otros artistas pueden exigir protección policial y su «notoriedad» obliga al Estado a brindársela. Pero, ¿quién le daría protección a un obrero, a un estudiante, o a un simple marginado social? Cuando la policía asesina a un «negrito» en Lugano o en Quilmes apenas aparece un recuadro en el diario y no se organiza ni siquiera una marcha.

El crimen de Walter Bulacio moviliza apenas a ciertos sectores marginales de la cultura, a los estudiantes y ni siquiera a los rockers y músicos afectados por el hecho. Sin embargo, las piernas ametralladas de Pino Solanas producen notas editoriales en Clarín, adhesiones masivas, manifestaciones de artistas e intelectuales.

En la cotización del Mercado de Valores Humanos se considera que la vida de Pino Solanas vale más más que la de Walter y la muerte de un estudiante más que la de un desocupado de la villa.

Es la clase media y esa horrible anestesia con la que duermen sus impulsos vitales. Una clase media que tiene su blando culo tan pegado a la silla de su «Lugar social», de su trocito de pensamiento que, por ejemplo, es capaz de criticar a los partidos que adhieren a las marchas de silencio por la muerte de Walter. «Están politizando la muerte del pibe», dicen los miserables.

Es un ejemplo social que el MAS y el PO apoyen estas marchas. Es más, sería necesario exigirles un apoyo más decisivo. Y también a los radicales y a los peronistas y a los maestros y profesores y a los obreros y a los rockers.

Todo asesinato es político y todo el pueblo tiene que estar exigiendo justicia cuando EL ESTADO ASESINA A UN ADOLESCENTE.

Los culo blando, los hijos de puta, los miserables dicen: «Están usando la muerte de Walter e su propio provecho».

Si, yo estoy usando la muerte de Walter. Para que no haya otro. Para no ser yo el próximo, para que no sea uno de mis amigos, ni los amigos de mis amigos, ni nadie que ande por ahí intentando vivir.

Enrique Symns



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