La verdadera historia de Patricio Rey: 12 años 12

La historia de Los Redondos, a 12 años desde su nacimiento.

Revista Cantarock #87. Septiembre de 1987. Por Claudio Kleiman

1976 no parecía el mejor año para empezar un grupo de rock. El golpe de estado que inauguraría la pesadilla conocida como «el Proceso» ya se había producido, y la represión estaba haciendo estragos. En La Plata la situación se agudizaba, al ser una ciudad con grandes concentraciones obreras y un alto porcentaje de población universitaria. En medio de todo eso, un pequeño sótano acondicionado como estudio de grabación-sala de ensayos, con algunos precarios grabadores e instrumentos, sirve como punto de reunión e intercambio creativo para alguna gente de cine y músicos platenses. Algunos de ellos eran el guitarrista Beto Verne, el pianista Bernardo Rubaja, y los hermanos Basilio y Ricky Rodrigo (guitarrista y violín, respectivamente). También andaba por ahí Skay, un guitarrista que había integrado (tocando el bajo) el grupo Diplodocum Red & Brown, que llegó a grabar un simple para Trova y estaba relacionado con «el» grupo de rock platense (que había sido también una experiencia comunitaria), La Cofradía de la Flor Solar (Skay había participado haciendo coros en su primer -y único- álbum).

Carlos «Indio» Solari tenía diversos intereses, casi todos relacionados con lo artístico: componía canciones, que cantaba acompañándose en guitarra, dibujaba y escribía. También había tenido un taller, «El Mercurio»; donde realizaba bellísimos estampados de telas. Era muy amigo de Guillermo Beilinson (cineasta, hermano mayor de Skay), y juntos habían hecho el libro de una película, «Ciclo de Cielo sobre viento» (título tomado del I Ching). El Indio estaba viviendo en Valeria del Mar, donde tenía un grupo, y al regresar a La Plata aparece en la sala junto con Guillermo. Ahí empiezan a aparecer las primeras canciones, cuando Skay le pone guitarra eléctrica a los temas del Indio, y los resultados arrojan las primeras puntas para un trabajo conjunto.

Así se forma un grupo bastante variable y anárquico, que comienza a ensayar (??) algunos de los primeros temas, como «Mariposa Pontiac», «Un tal Brigitte Bardot, «Perra dinamita», «El gordo tramposo» (dedicada al gurú), «Maldición va a ser un día hermoso», «Honolulu», «Blues del noticiero», «Algo escandaloso sucedió en el bazar de Wakeman & Fripp», «La chica de la cafetería», «Rock 18», «El hidromedusa», todos ellos producto de la colaboración Indio-Skay. También había un par de temas del violero Beto Verne, como «La roca bestial», y «Petit Suisse», uno de Morci Requena -bajista de La Cofradía- «crecer, crecer», y un rock titulado «Imperialismo Espacial», con letra de Ricardo «Mono» Cohen (Rocambole), artista gráfico que había sido uno de los fundadores de La Flor Solar.

Todo ese grupo de gente -que aún no tenía nombre- realiza un par de eventos en el teatro Lozano de La Plata, que son recordados como los «Lozanazos», especie de «happening» vale-todo, en que la música se mezclaba con baile recitados y delirios varios. Poco después surge el nombre de Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota, que debutan oficialmente en el Lozano, e inmediatamente después del recital suben los equipos a un micro y se embarcan para Salta.

La cosa fue así: el «Mono», que tenía en ese entonces un negocio de artesanías, había contraído una deuda con el taller «El Mercurio», y cuando ofrece pagarla le proponen que compre con ese dinero los pasajes a Salta, donde había un boliche «Lo del Polaco», que había ofrecido contratar a Patricio Rey, por intermedio de un grupo de poetas salteños, aunque hasta ese momento acostumbraba llevar números de tango. Resultado: alquilan un micro y la desopilante caravana (más de 20 personas) se pone en marcha hacia Salta, para su primer show como número contratado. «Patricio Rey llega a Salta», anunciaba «El Intransigente» -principal diario local-, que los definía como «un grupo de universitarios platenses que hacen música en sus ratos de ocio». Algunos de los personajes que integraban la comisiva eran Sergio Martínez (también conocido como «Payaso» o «El Mufercho»), El Doce (que preparaba los auténticos Redonditos de Ricota), Iche, Carlitos Mariño, Tichi, «El loco de la goma» en batería (apodado así porque pasaba todo el día practicando con una goma), Fenton (también conocido como «La Oruga Manisera») en bajo y su hermano, El Ñandú: estos dos últimos ocasionan el primer escandalo publico cuando se agarran a trompadas en plena plaza principal de Cafayate, luego e haber ingerido abundantes cantidades de vino local. Fueron presos, con la promesa de que «cuando se les vaya la borrachea los largamos».

También la tragedia aparece por primera vez; el guitarrista Ricardo Meyer decide quedarse para visitar a su familia, y yendo de Salta a Jujuy su coche se desbarranca, pereciendo junto a su mujer y su padre, salvándose solo un bebe de meses.

A la vuelta de Salta hay un par de nuevas actuaciones en el Lozano, con cierto tinte psicodélico, que incluyen a todo el grupo disfrazado, anunciadores, suelta de gallinas, números de pirotécnica y efectos especiales (gentileza de Jorge Potharny (que solían terminar en incendios o estruendosos fracasos, y la aparición de las primeras chicas con disfraces: Monona y María Isabel y Cecilia «Solita», que había su número de bale latino a lo Carmen Miranda. Comentando una de estas actuaciones aparece la primera nota de prensa en la revista Expreso Imaginario.

Para 1978 la banda ya estaba definida, y deciden venirse a Buenos Aires. La base había cambiado: eran Néstor Madrid en bajo y Migoya en batería (ambos platenses) y ya en la capital empiezan a buscar un guitarrista, que finalmente resulta ser Gabriel Jollivet (posteriormente Dulces 16). También comenzaba a definirse la función de Poli como manager y «public relations» de la banda, después de algunas resistencias iniciales referidas al hecho de que fuera una mujer quien ocupara esa función. Los ensayos se realizaban en una antigua sala de Callao y Rivadavia (ya desaparecida) y el debut se produce en un pequeño sótano ubicado en Cerrito al 200, el Centro de Artes y Música (que anteriormente había sido «El periscopio»). También debuta en ese recial el popular «Ballet Ricotero», las chicas que con vestuario diseñado por Mono Cohen- ya a esta altura intentaban una coreografía mínimamente organizada. También participan El Doce, como «el Sultán Munificente», que junto a sus efebos repartía los auténticos redonditos de ricota entre la concurrencia. De las dos funciones programadas sólo llega a realizarse la primera: asustados por el despliegue de niñas ligeras de ropa, los dueños del local deciden suspender la segunda «por haber transformado el Centro de Artes y Música en un cabaret». El manager Oscar López se había interesado en producirlos, pero después de contemplar es actuación huye despavorido. El siguiente recital es en la Sala Monserrat, organizado por la revista subterránea «La ballena» de Gustavo Nova.

Nuevos cambios en la formación: Néstor y Migoya se van para radicarse en Bahía, y entra Marcelo Puchl en batería (de Dulces 16), que rae consigo a León el blusero, que junto a Skay y Jolivet totalizan una formación de tres violas. Fenton vuelve a hacerse cargo del bajo, y es con este grupo que realizan un recital en el Teatro de La Cortada (actualmente Centro Parakultural), con el aporte del actor Robertino Granados y su Circo Mágico, con la actriz Betty Kaufman haciendo una desopilante parodia de «Cabaret».

Los años 1979-80 son de actividad relativamente escasa, principalmente porque Skay y Poli estaban viviendo en Salta y el Indio en Valeria , y solían juntarse cerca del final del año para hacer su recital anual. Los integrantes porteños habían desaparecido, retornando la «vieja guardia» platense, Fenton, Beto Verne y el baterista Tzocneh, que había batido los parches junto a La Cofradía. Hubo un par de recitales en el Teatro Margarita Xirgu, uno de ellos con Fontova como invitado, que sumergió a músicos y publico en una memorable improvisación colectiva con características de ceremonia tribal. Nuevos temas seguían apareciendo; «Quema el celo», «Rock del país», «Mejor no hablar de ciertas cosas», «La vaca cubana».

Hacia 1981 regresan a La Plata donde consiguen acondicionar una sala de ensayo y empiezan a preparar una nueva versión del grupo. Ingresas «Topo» D´Aloisio (que había tocado junto a Skay en Diplodocum) en bajo, Diego Rodríguez (que había integrado el grupo platense El Dulce, y venía de tocar en Europa junto al grupo Nada, de Miguel Abuelo, con quienes grabó un LP en Francia) en batería. También se incorpora Ricky Rodrigo, que tocaba teclados y violín. Hacen un par de recitales en unos cabarets de La Plata, y al poco tiempo ingresa Pato, un violero pesado que integraba Artaud, grupo del que salieron los primeros músicos punk platenses, como VII Baraja y Marcelo Montovilo (posteriormente Celeste Carballo). Siguen los recitales, entre ellos un festival en el country club del Banco Provincia junto a Manal y Celeste Carballo.

En la Capital eral la época del Bar Einstein, donde hacía su aparición Luca Prodan al comando de Sumo, y pronto se establece una relación de amistad entre ambos grupos. Poli intenta llevar a Sumo a tocar a La Plata, pero el viaje se frustra tres veces por distintos motivos. Finalmente, Luca -que se había copado con las letras- canta junto a los Redonditos en un recital en el Club Gimnasia y Esgrima de La Plata, donde también participó Pettinato en saxo. El que no apareció en este recital fue el Indio, que mantenía la consigna «solos y de noche», es decir que los Redondos debían tocar en un ámbito teatral y con un público propio, en ligar de la mezcla que se produce cuando se anuncian distintos grupos en una misma jornada. De todas maneras, la impresión generalizada era que el ámbito platense ya resultaba demasiado reducido, y había que abrirse hacia Buenos Aires.

1982 comienza con un evento inolvidable. Jorge Pistochi (ex director de Expreso Imaginario) tenia problemas económicos con su revista «Pan Caliente», y decide organizar un festival a beneficio con músicos amigos para ver si podía sacar a flote la publicación. El evento se realiza en el estadio del Club Excursionistas (participan León Gieco, Celeste Carballo, Lito Nebbia, Alberto Muñoz, La Fuente y Los Abuelos de la Nada, entre otros) y la actuación de los Redonditos fue un pandemónium: Monona subió con una malla de red íntegramente transparente, ante el entusiasmo del público y la mirada incrédula de la policía, que amenaza con una frase que quedó en el recuerdo: «o bajan ustedes o subimos nosotros». Mientras tanto, nuevos temas se sumaban a un repertorio en permanente mutación: «Blues de la libertad», «Nene nena», «Para Monona Blues».

Por esa época el Indio consigue trabajo en un Hogar de Niños y se viene a vivir a Buenos Aires, con lo cual empieza el fin del «período platense». Fernando Basabru, que estaba iniciando un sello grabador independiente junto a Marcelo Morano (actualmente en FM Clásica), con el apoyo de FM Rivadavia, los llama para registrar un demo en os estudios RCA; que constituye la primera grabación «de estudio» del grupo, y fue bastante difundido por las radios de entonces (no olvidemos que ya se había producido el conflicto de Malvinas y las emisoras precisaban urgentemente material en castellano). Los temas eran «Nene nena», «Mariposa Pontiac», «Un tal Brigitte Bardot», «Pura suerte» y «Superlógico»; este último con la participación en coros de las Bay Biscuits.

Justamente con las Bay Biscuits -un grupo femenino que incluida por ese entonces a Viviana Tellas, Fabiana Cantilo e Isabel de Sebastián- hacen unas actuaciones en Los Teatros de San Telmo, coincidentes con la venida del Papa. También aparecía en estos reciales el hermano menor de Diego, Javier Rodríguez, que había un número absolutamente precursor de lo que vendría. «Crisis Punk». También hubo un par de actuaciones en el boliche platense «Candombe» en la segunda de las cuales aparece Enrique Symns, haciendo su monólogo «Las Pelotas de Patricio Rey». El año termina con una actuación en el Margarita Xirgu, con una pléyade de invitados que incluían a Celeste Carballo, Daniel Melingo, las Bay Biscuits y Enrique Symns.

El año 1983 marca la separación definitiva de la gente de La Plata, lo que implica nuevos cambios en la formación: entran Rodolfo Gorosito en guitarra, su mujer Laura Hutton en coros, el batero Pensa (que había estado tocando con Ricardo Soulé), quien a su vez trae a su amigo Semilla Bucciarelli para hacerse cargo del bajo, y el «Gonzo» (Gonzalo Palacios) en saxo. Esta formación origina un repertorio totalmente renovado. «Cuá cuá amén»; «Golpe de suerte», «Vamos las bandas», «El hombre eléctrico», «Fuego, fuego», «Criminal mambo». También aparecen nuevos personajes para las performances escénicas que complementaban sus actuaciones: la bailarina Krisha Bogdan – que venía de hacer teatro callejero en Europa- que a su vez trajo consigo a sus amigas del grupo La Pesada de la Danza, entre quienes estaban Susana Pozner y Ana Benegas (actualmente Las Ex). Por la misma época entran en escena las hermanas Claudia y Marcia Schwartz, artistas avant-garde: la primera hace un personaje llamado Kiki, cuya performance -envuelta en horribles disfraces- provocaba rechazo y desconcierto. La segunda, excelente artista plástica, realiza unos grandes muñecos que decoran el escenario. Toda esta parafernalia -más Enrique Symns- hizo su debut en el Teatro Bambalinas. El paso siguiente es una serie de presentaciones en pubs, principalmente Zero y La Esquina del Sol, que estaban empezando a cobrar auge en Buenos Aires.

Era la época de las elecciones, y el ambiente estaba caldeado con la campaña política. Los Redondos participan en un festival en Parque Lezama, apoyando la campaña de derechos humanos que proponía Augusto Conte como diputado, Skay tiene que hacerse cargo de la primera vez, ya que el Indio concurre como espectador, consecuente con su consigna de no participar en ámbitos que no fueran teatrales y junto a otros intérpretes. La noche anterior a la asunción del mando por parte del Gobierno Constitucional realizan otro Bambalinas, con la participación de los dos presentadores -Symns y el Mufercho- y un sorprendente número de Monona, que tras sacarse un capote militar queda con su cuerpo «al natural», íntegramente pintado de dorado.

Ya en 1984 realizan una actuación en Azul, para el lanzamiento de una revista subterránea, que termina en una performance totalmente psicodélica, ya que Pensa se niega a ir a último momento porque no había cachet, y terminan tocando con una batería electrónica; los temas e prolongaban indefinidamente, porque no había quien la parara. Todo esto ocasiona una nueva crisis, por la presión de quienes se inclinaban hacia una actitud más «profesional» (el grupo todavía no era muy conocido y sus actuaciones bastante esporádicas). Consecuencia: se van Gorosito, Laura Hutton (a tocar con Marilina Ross) y Pensa. Entran «Piojo» Ábalos en batería y Tito «Fargo» D´Aviero en guitarra, proveniente de la Hurlingham Reggae Band, un grupo paralelo de Luca Prodan que actuaba a menudo n el Einstein. También ingresa Willy Crook en saco, reemplazando al Gonzo, absorbido por sus compromisos con Los Twist, qe atravesaban su momento de mayor éxito.

Acá la cosa ya se vuelve historia conocida: surge un repertorio enteramente nuevo, con temas como «La bestia pop», «Ñam fi frufi fali fru», «Barbazul versus el amor letal», «Te voy a atornillar». El Indio también compone algunas canciones junto a Tito: «El regreso de Mao», «Rodando»; «Hombre Malo, Mago bueno». Con una formación poderosa, el show comienza a centrarse más en lo musical: sólo quedan Enrique Symns y Viviana Tellas que hacía un par de tema s suyos acompañada por la banda: «Hércules» y «Andate con tu mamá». Esporádicamente aparece el «Pájaro» Pancho Silva, que encarna periódicamente en Patricio Rey, Durante este año recorren intensamente el circuito de pubs. El Depósito, Stud, Látex. Ya cerca de fin de año hacen una actuación en el Barco María Si (con el retorno de Robertino Granados), que termina en un espectáculo dantesco: con el show finalizado hacía rato, una patota boquense tiene un altercado con una persona de seguridad y regresan para acribillar el barco a piedrazos. No hubo más recitales de rock en el barco.

El producto de las numerosas actuaciones de ese año había ido a parar a un pozo común, de donde sale la plata que permite encarar la grabación independiente del primer LP en los estudios Tubal, de la gente de MIA: los invitados fueron Lito Vitale (que además fue técnico de grabación) en teclados, el Gonzo en saxo y Laura Hutton, Claudia Puyó y María Calzada en coros. Así aparece «Gulp!», que tardó un poco en llegar a la gente ya que lo distribuían ellos mismos en las disquerías, pero agota rápidamente su tirada inicial.

Para presentar el disco alquilan el Teatro Astros -ya en 1985- pero a último momento les levantan la fecha porque «andaba muy bien el ciclo de Valeria Lynch». El recital se hace finalmente en Cemento, con el Gonzo, Claudia y Laura como invitados. Con el isco en la calle, más la constante cobertura de prensa, el púlico se hace cada vez más numeroso y los pubs -que por otra parte, ya habían comenzado a cerrar- empiezan a quedarles chicos: sólo realizan algunas actuaciones en Gracias Nena, La Capilla y Prix D´Ami. Dejan pasar un tiempo y hacen un recital en Paladium -con puesta de luces del escenógrafo Abel Facello- que resulta en un lleno total. El resultado los alienta para realizar, poco tiempo después, dos nuevos recitales en paladium (uno de ellos el 28 de diciembre, una fecha muy cara a los Redondos), con luces de Facello y escenografía de Rocambole, con gente de la Escuela de Bellas Artes de La Plata.

El comienzo de 1986 encuentra a Skay y el Indio preparando nuevas temas en el portaestudio del Gonzo, con la intención de encontrar un nuevo sonido para la banda. Así surge el material que iría integrar el segundo LP del grupo: «Fuegos de octubre», «Semen up», «Música para pastillas»; «Preso en mi ciudad», «Motor psico», «Divina TV Führer». La producción sigue siendo independiente, pero como la resonancia es cada vez mayor esta vez pueden ir a los Estudios Panda, con Osvel Costa como técnico de grabación, para registrar «Oktubre», que al igual que el anterior cuenta con una cubierta realizada por Rocambole. Los invitados fueron Daniel Melero (de Los Encargados) en teclados y Claudio Cornelio (Baterista de Don Cornelio y La Zona) en percusión electrónica, con la que también contribuyó en algunos recitales (Centro Parakultural, Paladium). En un concierto realizado en el Santa María aparece un nuevo músico, Andrés Teocharidis, en órgano Hammond. También participa de los recitales en Palladium donde presentaron «Oktubre» aportando el viejo sonido e Hammond para una versión de «Blues de la Libertad». Andrés se mata en un accidente durante el verano, y Skay y el Indio deciden que no quieren incorporar otro tecladista.

Hay nuevos cambios en el horizonte: Parten Piojo y Tito (este último para tocar con la banda de Claudia Puyo) y entra en batería Walter Sidotti, que venía de tocar con Los Argentinos. Como parte de la lectura postmodernista comenzada con «Oktubre», los Redondos coinciden en la necesidad de volver aun rock más crudo y por lo tanto deciden no incorporar tampoco otro guitarrista, quedando Skay como único violero. Todo este replanteo obliga a preparar un nuevo repertorio -los temas viejos se hacían difíciles de tocar con una sola viola- y surge una nueva camada de temas, muchos de los cuales irán a integrar su tercer disco: «Vencedores vencidos», «Masacre en el puticlub», «Noticias de ayer», «La parabellum del buen psicópata», «Ella debe estar tan linda», «Todo preso es político».

Mientras estos cambios se producían hubo un parate de 7 meses, y la reaparición del grupo en 1987 se produce en Cemento, con un recital que sorprende a todo el mundo por la respuesta del público (mas de 2000 personas, casi sin promoción). Sería también el último recital de Willy Crook, que parte para integrarse a Los Abuelos de la Nada, y es reemplazado por Sergio Dawi, que venía de tocar con «2 saxos 2». Avalados por el apoyo masivo, viene una seguidilla de recitales; Fénix de Flores, dos funciones en Paladium, el teatro Coliseo Podestá de La Plata (adonde regresan luego de 3 años de ausencia, en un concierto de alto voltaje emocional) y nuevamente al Bambalinas.

Son 2 años de historia y la máquina no tiene muras de parar. Cuando lean esto, Los Redonditos van a estar metidos en los Estudios Panda, registrando los temas de su nuevo LP, cuya aparición está prevista para antes de fin de año. (Continuará).



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