Skay Beilinson presenta su tercer disco solista y sigue al margen de los vicios del sistema.
FUENTE: Diario La Capital (Sabado 15 de Marzo de 2008) Por Gabriel Imparato

Con un pañuelo en la cabeza y la guitarra en llamas. Esa es la imagen que mejor define a este Skay. El mismo que presentará en Rosario su disco «La marca de Caín», el que mantiene sus ideales y no se calla nada. Profundo, místico e intelectual, el ex guitarrista de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, llega a esta ciudad con su grupo Los Seguidores de la Diosa Kali, integrado por Claudio Quartero (bajo), Oscar Reyna (guitarra), Topo Espíndola (batería) y Javier Lecumberry (teclados). La cita rockera tuvo su primer capítulo ayer y hoy habrá un segunda show, a las 23, en Willie Dixon, Suipacha y Güemes.
—¿Hay una intención bíblica deliberada al ponerle a tu tercer disco solista «La marca de Caín»?—Más que nada sirve para dejar mi visión de la realidad hoy en día, pero tomando como referencia el relato bíblico. En este caso, la cita habla del primer asesinato de la historia, la lucha del bien y el mal, el juego de la envidia, de alguna manera es el comienzo de la civilización, de la condición humana. La marca de Caín es la marca del sufrimiento, la marca de la soledad, andamos como extranjeros en esta tierra extraña.
—¿Los humanos nos asemejamos más a Abel o a Caín, que traicionó a su hermano?—Creo que hablo de lo que tenemos todos dentro nuestro. Somos un poco Caín y un poco Abel, las dos partes conviven diariamente.
—¿»Meroe y los sortilegios» está dedicado a un ex amor o a la droga?—Como decía mi amigo el Indio (Solari) muchas veces explicar es lo peor que uno puede hacer con una letra. En realidad el tema está inspirado en un personaje de un libro de (Lucio) Apuleyo llamado «El asno de oro», en el cual Meroe era una bruja que estaba en los costados del camino, en el cual todo aquel que pasaba quedaba embelesado con sus sortilegios.
—Ya que lo nombraste, y en plan de libres asociaciones, hasta parece que este tema estaría dirigido al Indio Solari.—Ah, no, nada que ver. Lo que tenemos que decirnos lo hacemos personalmente, no hay alusiones, no, para nada.
—¿Cómo te ves en la actualidad en este variado escenario del rock argentino?
—Son tiempos bastante complicados, porque aquella mística, aquello que fue el motor de la cultura rock se fue desdibujando con el advenimiento de la industria del rock. Las cosas que fueron movilizadoras para mí y para toda una generación han quedado medio opacadas por este funcionamiento. Si de algo sirve lo que hacemos, es para mantener un poco viva esa especie de llama de la independencia.
—¿En tiempo de regresos musicales a nivel mundial, nunca se te cruzó en tu mente la idea de volver a juntar a Patricio Rey y los Redonditos de Ricota?
—No, no, la verdad que no. Primero que estamos cada uno en un momento distinto, ya fue. Y si de alguna manera en algún momento nos volvemos a encontrar será para hacer algun nuevo disco, alguna cosa nueva, y momentáneamente no es el tiempo hoy.
—¿No te parece que el dinero, cuando las sumas son tan tentadoras y multimillonarias como en el caso de Soda Stereo, es tan traidor como Caín?
—Bueno, supongo que eso depende de cada uno. En mi caso no es lo que me mueve el dinero sino todo lo contrario. He descubierto que la motivación es justamente otra, es dar lo mejor que uno tiene en otro contexto y sacarlo de todo ese engranaje que tiene que ver con el dinero y con todo ese balurdo.
—Muchos dicen que si no vas al programa de Mirtha Legrand no existís, es más, ¿en la canción «Angeles caídos», cuando hablás del «rosarito blanco que la Chiqui te dio» aludís a la diva?
—No, la verdad es que no tiene nada que ver, después de escribirlo lo pensé, pero no, no la conozco a la señora, nunca me dio un rosarito, ni tuve nada que ver.
—¿Sentís la responsabilidad permanente de elevar la calidad de los textos en cada canción ante un rock nacional algo devaluado en ese sentido?
—Uno no hace docencia, lo que hago es lo mejor que puedo con este don recibido. Pero creo que el rock está bajo en las letras porque lo que más repercusión tiene dentro de los jóvenes es música que le habla de este mundo desprovisto de sentido, que lo único que queda es el reviente.
—¿Este escenario cultural cada vez es más sombrío o creés que todo puede cambiar?
—Momentáneamente estamos asistiendo a este momento de la cultura, donde este estado de cosas se refleja en cualquier aspecto que mires. Supongo que esto no va a ser eterno, tendrá que venir un tiempo donde a través de un gran dolor, de mucho sufrimiento, aparezca un nuevo paradigma, un nuevo lugar hacia donde querer ir, y en este caso hasta la poesía y la música irán cambiando.
Los cinco puntos claves de un rockero de ley
Alejado de las modas y las presiones que exige el merchandising musical, Skay Beilinson mantiene algunas consignas básicas para que el rock sea mucho más que cuatro letras de un abecedario.
«Yo sigo creyendo básicamente en algunas cosas: creo que vivimos en un estado de conciencia parecido al sueño; que vivimos bajo una cultura materialista que nos embota continuamente y nos aturde; que somos artífices de nuestro propio destino; que tenemos la posibilidad de construir un mundo más justo y más humano y creo que vivir es un arte», dijo el músico de corrido, como si los cinco ítems los tuviese memorizados de toda la vida.
Frontal a ultranza, el guitarrista puso la misma energía que usa en sus solos para criticar al sistema :»En la medida que lo que uno haga pueda estar despojado de todos esos mecanismos que te obligan a estar dentro de la trituradora del consumo y de la industria del entretenimiento, creo que vale la pena hacer lo que hago. Yo sólo respondo a mis convicciones».
