Nos reímos mucho de lo que significan Los Redondos

Carlos Solari se saca de encima el personaje del Indio Solari, el filoso cantante de la banda más grande de la Argentina, y lo deja caer al piso para tomar a su amiga Poli de sorpresa y por la cintura. Intenta un par de pasos de baile, tango quizás. Ríen casi de casualidad y se despiden. Skay Beilinson los mira como a dos chicos/grandes traviesos y participa del momento con una sonrisa cómplice. Luego, acompaña a Carlos hasta la puerta misma de su casa y fijan el horario para encontrarse al día siguiente en la sala de ensayo. Chau, Chau.

Revista La García. Abril de 2000

La imagen es la de la intimidad de tres amigos. Esa única oportunidad de observar a las personas fuera de sus personajes públicos, si es que realmente los tienen como en este caso. Allí donde el Indio es Carlos y donde, junto a su pareja de amigos de toda la vida, se ríe de lo que significan hoy los Redondos y de todo lo que ocurre hoy a su alrededor.
Después de casi 5 horas de charla en torno al confortable living de la casona de Palermo, propiedad de Poli/Skay, allí están los tres amigotes. Más cómodos que nunca. El baile, las risas y la despedida, fue le final de una entrevista en la que las tres cabezas del monstruo llamado Patricio Rey hablaron del fenómeno en que se convirtió la banda, del mito, del supuesto final del grupo, de los amigos y de los enemigos, de sus cruces y sus libertades, de política, de música y de Bulacio, de su próximo álbum y de los shows en River.

En este juego de «prender el loro» como le gusta decir al Indio cuando se refiere a los reportajes, cada uno de los tres vértices en los que se apoya el grupo cumple su rol. La negra Poli, histórica manager, es la anfitriona, la que cuida los detalles mínimos, la que se ocupa de que los vasos no se vacíen y la que, de vez en cuando, arriesga un concepto, por lo general, de los más preciso y llano. Sin fuegos de artificios ni estridentes ceremonias.
Skay, guitarra y alma del sonido de los Redondos, es casi un testigo privilegiado de la charla. Y cuando interrumpe, lo hace de manera imperceptible. Sus palabras son pequeñas dosis otorgadas en cuentagotas. Como si fuesen pensamientos que, en ocasiones, se le escapan sin darse cuenta. El Indio Solari, el personaje que le puso su inconfundible voz a este grupo de más de 20 años, es justamente eso: un personaje. Enamorado de las palabras y las construcciones gramáticas, disfruta del diálogo en niveles superlativos. Por ello es que desde el principio al fin, toma la batuta. Sea la cantidad de horas que sea.

«El fenómeno Redondos existe. Eso está claro. Pero también existe más allá de los Redondos,
con un montón de gente. Con Mirtha Legrand, con cualquiera.»

¿Y cómo lo viven ustedes?
Solari: En lo personal siempre me han sorprendido cosas como que los chicos tiemblen cuando se acercan a sacarse una foto. A mí eso no me pasó nunca, nunca fui fan de nadie como para seguirlo toque donde toque, para hacerle una especie de aguante. Pero también es cierto que depende de la historia de cada uno. Entonces, no deja de llamarme la atención  que algo en lo que uno está involucrado, que genera, pase ese tipo de cariño. Porque si bien yo tuve acceso a la intimidad de gente interesante o significativa, ese personaje siempre tuvo para mí la dimensión de aquella cosa por lo cual era significativa.  Después el resto, su intimidad y todo eso que hoy en día parece que viste mucho la obra, nunca me interesó.  Nunca me pasó de estar nervioso delante de alguien por el solo hecho de que pinte bien o haga buenas películas. Sí admiro una peculiaridad, o un momento de su vida, pero no tiendo a idolatrar. Porque no me gusta sujetar a nadie, es muy peligroso. No me interesa sujetar a nadie en ese lugar tan incómodo, que es el de la persona que tiene que levitar medio metro y ser capaz de cualquier cosa. 

Eso sucede y lo que pasa es que hay toda una imaginería popular que deposita en esa personalidad pública todo esto. Ahora, yo soy de los que no creen que uno no debe entusiasmarse tanto con la personalidad pública como para invertir su vida en eso. Porque de movida, uno es el diseño demente  de miles de personas que te quieren ver mejor de lo que sos… Sobretodo en este caso donde hay mucho cariño de por medio, hay como una representación vital de sus vidas por lo que hacemos, las canciones o lo que carajo fuere. Es muy fácil proyectar en la estampita virtudes que uno no tiene. Porque nadie sabe de las miserias y egoísmos que soy capaz.

¿Te molesta estar en ese lugar?
Solari: En realidad, la calidad del cariño no me jode, la cantidad es a lo que uno no está acostumbrado. Uno es uno y cuando miles de personas te quieren, en cualquier circunstancia, ya sea en un restaurante o en un cine, llega un momento en que es incómodo. No se les puede explicar esto uno por uno a los que te llaman por teléfono, te dejan cartas, te dejan casettes para que opines de su música, o te preguntan acerca de una letra porque rescataron algo que tiene que ver con su historia personal. No se puede. Si no, mi vida tendría que estar dedicada a eso y no es lo que quiero.

Lo vivo a veces con cierto fastidio. Hay gente que se maneja muy bien con su personalidad pública. Pero a mí no me pasa eso, no me gusta estar todo el tiempo asediado. Para empezar porque soy medio claustrofóbico.  Que la gente me vigile todo el tiempo no es una cosa ideal para mí.

¿Estas situaciones restringieron tus salidas?
Solari: Sí, muchísimo. Cuando salgo voy a otros lugares. Me voy a Nueva York, a Uruguay. Pero por otro lado, creo que uno siempre tiene un debe y un haber en su vida. Y ano ser que tenga una vocación suicida, uno trata de elegir lo que cree que es más conveniente. Si esto fuera tan fastidioso como para arruinarme la vida, mando todo a la mierda y me voy a pescar truchas al sur o cualquier otra cosa. Lo que pasa es que en mi haber, por otro lado, está ese cariño, esa cosa difícil de describir o comprender. Que excede lo que uno es y te permite hacer lo que querés con total libertad. Para una producción independiente, la única forma de hacer lo que querés y como querés, es que la gente vaya y compre los discos y las entradas. El día que eso se termine, se acabó todo.

Por un lado lo padezco, porque me gustaría tener la libertad que tiene cualquier persona para ir a comer a algún lado y que no te joda nadie. Pero por el otro, no me sale el maltrato hacia los chicos que se me acercan, porque casi todas las libertades que tengo en la parte creativa se las debo al cariño de esa gente. Así es que no tiene gollete andar poniendo cara de ojete, como otros artistas que se manejan mejor maltratando a los fans.

¿Preferirías el anonimato?
Solari: pasa que el anonimato, sobre todo para gente que se formó como lo hizo uno, no es lo mejor que te puede pasar. En realidad, para mí lo mejor sería una cosa imposible: que toda esa gente me fuera a  ver a River y que después ninguno me diera bola. Pero al parecer eso no se puede.

EL MITO MÁS SAGRADO

Todos en el living prestan atención a las palabras, a los gestos e ideas que desparrama el Indio Solari. Es que la unión de esos elementos no es otra cosa que la visión de los protagonistas acerca de uno de los fenómenos  de mayor magnitud dentro de la música argentina.

Buscar una respuesta sintética al por qué de lo que rodea a los Redondos, sería quizás un error. Pero las pistas que el hombre disfrazado de Indio Solari deja entrever  en sus parlamentos, conducen, indefectiblemente a una de las posturas  más relevantes acerca del fenómeno… la del que lo vive en carne propia.

¿Alguna vez sintieron que hicieron algo, conciente o inconscientemente, por agigantar el mito de los Redondos?
Solari:  No sé… la vida está pasando siempre en este momento. Uno tiene derecho hasta de dudar de uno mismo. Pero no recuerdo sinceramente un grado de conciencia con respecto a eso. No recuerdo haber alimentado esa imagen de intocables o lo que fuese. Lo que hicimos y lo que hacemos no tiene la vocación de generar algo que, por otro lado, resulte fastidioso. Como no tengo vocación de mártir, trato de no obrar en mi contra. Si yo pudiese evitar todo esto, sería mejor. Pero no way. Tampoco quiero ser tan certero en decir nunca, en el sentido que tampoco me acuerdo qué pensaba hace quince años. Pero en realidad no existe una intención de acrecentar el enigma y todo eso.

¿Ni siquiera en los momentos en los que decidieron no tener más contacto con la prensa o con el público?
Solari: Yo creo, ante todo, en la obra en sí. No tengo mucho que agregar.  Y si bien soy de muy buena voluntad cuando prendo el loro, lo prendo cuando me interesa, cuando necesito promocionar algo. Porque creo sinceramente que la personalidad de uno desmerece un poco y desprotege la obra. El carácter misterioso, enigmático y detonante de la obra, está mejor protegido si uno no compite con ella.  Lo que sí puedo entender es que en un momento donde todo el mundo parece competir con su personalidad pública y necesita de estructuras que finalmente condicionan a los artistas a la exposición pública, los Redondos se ven como una perla entre las cenizas, como una cosa rara.

Gente que no le gusta ir a la televisión  o que no quiere prender el loro todo el tiempo.  Pero uno lo vive como que es así.  No tengo muchas cosas que agregarle a «Último bondi a Finisterre». Creo que uno debe estar reflejado a través de su obra y que es mucho más rica si no se le agregan condimentos personales que la disminuyan.

Tanto el Indio como Skay descreen del mito y sostienen, o al menos es lo que muestran, una mirada casi ingenua y divertida al respecto.
Solari:  Creo que el anecdotario que rodea algo es la sumatoria y el depósito de miles de voluntades y nunca de lo que realmente pasó. Desde el mismo hecho cómico de que hay chicos de 14 años que me piden autógrafos y me dicen que me venían a ver a La Esquina del Sol. Algo totalmente improbable ya que no recuerdo tantas mujeres con bebitos a las tres de la mañana en la puerta de La Esquina del Sol.

Existe una  especie de recuerdo general, que necesita ser una descripción histórica, algo que guarda muy poco de verdad.  La realidad es algo más profundo, es una exteriorización de la verdad. Pasa por otro lado. Muchas veces el recuerdo que uno tiene puede mejorar la intimidad de los hechos pero puede desmejorar la historia. Y no sé si uno tiene derecho. Porque la historia de los Redondos, el mito, no nos pertenece a nosotros, sino al superorganismo, a todos los demás, a la gente que fue a vernos y a los chicos que mienten y dicen que fueron a vernos.

¿Cuál de todos los mitos alrededor de la banda es el que más recuerdan por absurdo?
Solari: Una vez, un enemistado periodista, dijo que yo había sido profesor de educación física durante la dictadura, en el Colegio  Militar y el único comentario que hice al respecto, fue en un recital que dije algo así como que la única gimnasia que había hecho en mi vida había sido destapar botellas. Porque más allá de cualquier circunstancia yo no podría haber sido profesor de educación física de nada.

Ese lo recuerdo como uno de los disparates más grandes que se han dicho en función de un encono o una animosidad por distintos intereses. Pero han dicho siempre cualquier cosa. Qué éramos dueños de un teatro, que habíamos comprado no sé cuantas empresas. Siempre había un rollo como que había algo más atrás, que no causaba gracia. También supuestamente tengo hijos en La Plata y alguna vez hasta me morí.

EL ÚLTIMO BONDI TECNOLÓGICO

Amedida que pasan los minutos, las reglas de juego se van legitimando como postulados. Aquí, las confesiones tienen carácter de confesiones y punto. Si medias tintas.  El resto, sirve para tratar de entender aquellas máximas que convirtieron a una troupe de artistas platenses todo terreno, en este gigante de tres patas que es hoy. Y si se trata de desmitificar ciertos aspectos de la banda, quién mejor que ese pelado de ojos profundos, que ya pasó la barrera de los 50 y que, por más que algunos lo piensen, no está más allá de todo: «Uno ve la historia del grupo y hay cosas que se han cristalizado como pensamientos básicos de Los Redondos que no son tales. Porque por ejemplo, si hay gente que muda de dogmas más rápidamente que nosotros, que me la presenten.»

¿Entonces por qué se les endilga constantemente una supuesta coherencia que finalmente, pareciera que los termina acorralando?
Solari: Porque quizás haya como cierta elegancia en la conducta de uno, que tiene que ver con los ideales básicos de la cultura rock. Pero en realidad, también uno va creciendo, absorbe otras informaciones, hay datos que se aprenden, cosas que se van modificando.

Me acuerdo haber dicho alguna vez que el acto pagano y orgiástico de Los Redondos nunca iba a ser dominado por un metrónomo… una de esas pavadas que uno dice. Y hoy hasta estamos tocando con secuencias.

El mismo reconocimiento es el que te va llevando, de alguna manera, a eso: te facilita el atrevimiento. Es mucho más fácil ser atrevido cuando la gente te quiere, compra tus discos y te permite soñar. Más para una producción independiente, que es la única manera de que funcione. Este es otro viaje, distinto. Un viaje impulsado por el cariño de la gente. Y eso mismo es lo que provoca algunas modificaciones, que tienen que ver más con el atrevimiento que con otras cosas. Te atrevés a Último Bondi a Finisterre, te atrevés a hacer algo que, desde los medios, se vió como una especie de cambio significativo. Han hablado de tráfico de tecno y no sé qué. Y en realidad son permisos que uno aprovecha. En vez de quedarse estancado en un lugar, intentamos ir a otro donde no habíamos estado, que desconocíamos, que nos importa por novedoso, porque es atractivo para uno. Y después correr con las consecuencias de que eso pueda o no gustarle a la gente.

Cuando salió Último Bondi… ese lugar atractivo y novedoso bien pudieron ser las máquinas, los loops y los secuenciadores. En la actualidad ¿cuál es?
Solari: En este momento hay como una especie de interés nuestro por aprender todo lo que es el mundo que rodea a Internet. Por ver qué tipo de cosas podemos proyectar hacia el futuro, si ese va a ser el vínculo entre las personas. Y eso hay que pensarlo con tiempo, sobre todo cuando uno no aprendió a usar la computadora desde los 5 años, sino que le toca aprender de grande. Hay que informarse, aprender cosas. Eso es lo rico de todo esto, disfrutar de lo que se absorbe.

¿Cómo creen que el público tomó ese camino que supuestamente desconocían?
Skay: Bárbaro. Y si nos guiásemos por las ventas de los discos, Último Bondi… a la gente le gustó mucho más que varios de nuestros trabajos anteriores.

EL RIESGO DE JUGAR

El impasse, obligado por la picadita que Poli apoya sobre la mesa, bifurca el diálogo por senderos que van desde Maradona – «si a nosotros nos cuesta manejarnos con la popularidad, ni me quiero imaginar lo que le pasa a él. Porque si nosotros nos vamos a Turkestán, está todo bien. Pero Maradona se va a Marte y sigue siendo Maradona»-; pasando por la desmemoria (a veces adrede) de Solari – «ellos dos me viven corrigiendo de todas las boludeces que creo que pasaron. Para mí todo es un mismo show. Me subí al escenario y no me pude bajar.»-; hasta un pequeño análisis acerca del público que sigue a la banda: «Las característticas básicas del público cambiaron.- sintetiza el Indio- Antes era gente de la bohemia, gente con otro tipo de formación. Y de pronto hoy, la gran masa tiene que ver con los estratos más populares. En el gran período uno nota que pasó algo muy raro, pero mientras uno lo vive es muy difícil darse cuenta».

Skay: Creo que más que cambiar el público se acrecentó.

Solari: La teoría personal de eso que parece un cambio de público, es que en realidad, desposeídos hay muchos más que gente de bien. Porque no es que dejaron de vernos las personas que tienen acceso a otras circunstancias sociales. Esa gente existe y también nos sigue. Lo que pasa es que por ahí van en avión a los recitales. Lo cierto es que en la realidad de la sociedad, también los que están bien económicamente están cada vez más reducidos a un ghetto. No es que haya sido reemplazado un número por otro.

Skay: De hecho, la música se ha vuelto más compleja en los últimos tres discos de lo que era en los primeros años. Pareciera ser que eso va en contra de lo que ha ido pasando con el público.

Solari: Por supuesto, y con la lírica pasó lo mismo. Porque al tener cada vez más permiso lírico, me apropio o juego con alegorías y simbolismos cada vez más intrincados. No creo que las primeras líricas tuvieran más referencias a un contexto cultural más finoli. Parecería todo lo contrario. Y supongo que muchas veces tiene que ver con la actitud,  Además, debe ser por insistir en retratar esos infiernos tan temidos y volcarlos en una canción. Porque es muy fácil echarle la culpa a la maldad casi primigenia de la gente y no aceptar que, según las estadísticas, los países con menor índice de criminalidad son los países donde la calidad de vida es mejor. Es así de simple. Siempre va a haber ladrones, pero la proporción es mayor en una sociedad donde los valores no son respetados desde el poder o los lugares donde supuestamente se resocializa a la gente que cometió algún tipo de error, sale peor y con ganas de matar porque su vida no vale nada. Todo eso es mucho más significativo que uno  lo describa desde otro lugar. Por eso hay algo implícito en las cosas que hacemos, que tiene como un respeto imposible de soslayar.

Y también en esta historia es importante ver por qué motivo, en un primer momento, los Redondos llamaron la atención. Era curioso lo que pasaba, había como una especie de seriedad dentro de la música, del rock de fusión con mezcla de jazz. Y de pronto aparecen estos locos con bailarinas y una cosa pagana totalmente vital y vasodilatadora y todo ese tipo de adjetivaciones.

¿Qué significan los Redondos para ustedes?
Solari: En la intimidad sólo nos queda lo esencial, el cariño que yo tengo por ellos dos. Después, hay otra cáscara de la cebolla que es que, aparte de que los quiero, tenemos una sincronía con respecto a un montón de cosas que nos ha vinculado en un plan de hacer música. Toda la dinámica y la zozobra que aparentemente tiene el símbolo que son los Redondos, la historia de los Redondos y lo que significan los Redondos para el rock nacional, es otra cosa.

En la intimidad nos reímos mucho de lo que significan los Redondos y de todo lo que pasa alrededor. No peyorativamente, sino como si fuésemos unos pibes cómplices, que hicieron una diablura y les salió bien.


LOS FANTASMAS DEL FINAL

Desde el show que el grupo realizó en Villa María, Córdoba, en mayo de 1998, los fantasmas del final de los Redondos o al menos del retiro de los escenarios, revolotearon con insistencia en el inconciente colectivo. En aquella oportunidad, Solari se dirigió al público luego de varios incidentes con la policía: «Los sucesos de esta tarde llevan a la banda a tener que tomar una decisión. Seguir o no sobre un escenario. Que se lastime alguno de ustedes no vale ningún recital de rockanroll.»

Después del caos que resultaron los últimos shows en Mar del Plata, los oscuros espectros reaparecieron con mayor vehemencia:

«No se puede proyectar el final de la historia de uno, porque se estaría proyectando una especie de adivinanza extraña. Yo puedo tener mucho interés en continuar con esto y Polita no. Puede pasar que Skay empiece a tener un interés musical diferente al mío. Eso todo es posible, pero de ahí a definirlo como algo que está en una proximidad…».

Y acerca de lo que se dijo en Villa María…
Solari: Eso sigue flotando. En este momento estamos tratando de hacerle acordar a los chicos que esta es una fiesta de ellos. Que lo ideal sería que no la arruinen. Pero podríamos decir que uno no tiene dominio sobre esas cosas, porque abarcan algo que es más global. El estado de violencia que hay hoy en día es muy grande. No sé si a esta altura estoy capacitado para soportar que se genere violencia en nuestros recitales. Que uno genere un espectáculo y se vuelva a producir violencia porque quedó gente a cinco cuadras en lugar de a una, porque no tenían entradas y se rompieron vidrieras, qué sé yo… Llega un momento que vos te cuestionás eso también.

Skay: Muy a pesar de que si la violencia se produce en la calle, es una cosa distinta a que se descontrole dentro de los estadios donde tocamos. 

Solari: La violencia está en todas partes. Hoy en día matan a pibes en cualquier lado. De todas formas, no me gusta estar convocando a un lugar y que, en esas circunstancias, chicos de 15 años puedan salir lastimados. En ningún momento es parte de la expectativa de uno. Entonces, lo que sí es posible es que llegue el momento en el que sea muy difícil organizar esto si estas cosas perduran. Eso es lo que uno dijo en aquella situación: esto acelera el fin de una banda. Y en realidad, no fueron unas palabras muy lúcidas. Uno salió ante el toro a decir eso porque había un jaleo. Porque también hay toda otra historia de la música, que una pueda hacer de edición, de grabación. Seguir haciendo música pero liberados del pulso y de la presión que tiene la banda.

¿Les interesa la opción de hacer música sólo en estudios?
Solari: No tiene que ver con querer sino con poder. Porque lo que quería avisarle a los chicos esa noche en Villa María, es que a medida que esas cosas se repitan, no vamos a tener muchos lugares para tocar. Se nos hace difícil ir a una provincia porque los burócratas de turno no quieren tener complicaciones. Quieren que vaya la gente a pescar, o a disfrutar de la playa. Y no tienen ganas de que vayan 15000 tipos, de los cuales 200 van a armar bardo. Esas cosas sí conspiran contra el plan de uno pero no como generado desde la intimidad hacia fuera. Todo lo contrario, son cosas que uno verá como resolver, si encuentra alguna manera de seguir tocando en directo. Si no, es probable que con Skay y Poli sigamos haciendo música y ya veremos de qué manera proyectarla. En el caso de tener muchas ganas de tocar en directo, armaremos algún plan, no tan convocante, ni con tanta historia atrás, que nos permita actuar en lugares más chicos.

Con voz de madre cansada de repetir las cosas, Poli sentencia:
«No nos vamos a separar, no nos va a pasar nada».

Y sin dejar que termine la frase, el Indio se lanza una vez más:
«Además, creo que no hay una eternidad del directo. Yo tengo una edad que para estar dignamente arriba del escenario, me da mi esfuerzo. Y no sé cuianto tiempo más tendré ganas de subirme a escenarios de estas magnitudes. Quizás en algún lugar reducido seré capaz de tocar hasta los 70 años, pero ahí arriba hay dimensiones, hay cierta significación que esto tiene, que no sé cuanto tiempo más durará».

¿Se imaginaban grabando otro disco de los Redondos en el 2000?
Solari: Me atrevo a opinar por los tres pero creo que no. Uno solo puede tener un montón de conceptos e ideales, de los cuales no se quiere apartar, que le dan un carácter a tu viaje. Eso es así. Poli por su lado, tiene la mejor banda, porque es un grupo con un carácter especial, pero que al mismo tiempo también es la peor banda para negociar, porque estamos llenos de manías. Que esto no queremos, qué sponsors no queremos… mientras que en realidad, en ese sentido la mayoría de los grupos son más potables que los Redondos. Ese tipo de cosas son las que uno mantuvo y que no favorecen el plan que uno tiene.
Pero después de la contingencia, lo que sucede, realmente creo que nos fue sorprendiendo. Porque esto no es algo que explotó, como pasa con algunos grupos. Nosotros grabamos el primer álbum cuando llevábamos 8 años como banda. Y a partir de ahí fue creciendo paulatinamente, no hubo una gran promoción demoledora de una compañía que nos ubicara o nos posicionara en el mercado en determinado momento. Esto es muy diferente al shock que puede recibir alguien que, de pronto estaba tocando una demo en su casa, sin saber donde ponerlo y un buen día lo proyectan a las alturas. Es un cambio muy grosero.

En nuestro caso fue una sumatoria paulatina a través del tiempo. Ya es una banda que tiene… que se yó, ni me quiero acordar… (risas)

Poli: Como 25 años… lo tratamos de olvidar.

Solari: Uno siempre dsifrutó de lo que estaba haciendo. Un escenario tiene siempre la misma importancia, por más que sea gigante o diminuto. Por eso el rol de Poli tiene que ver mucho más en la adaptación para ver de qué manera este grupo, con todos sus planteos y mañas, puede ir adaptándose a un circuito aparentemente resignado para otro tipo de números, que no son independientes.

EL NUEVO DISCO

A partir de los últimos meses de 1999, la cúpula de los Redondos se juntó en la sala de ensayos montada en la casa de Solari. Poco antes de los festejos del milenio, comenzó a gestarse el nuevo álbum de la banda. Ya existen varios demos y un concepto general que, asegura el Indio, «tiene que ver con la impostura, porque creo que es lo único que tiene, hoy en día, un carácter subversivo. Es interesante ver cómo la impostura logró la institucionalización, tanto que hasta está más enquistada quizás en el poder que en otros lados. Entonces, es como pensar que la subversión en esta época está en el poder y no en el llano. Quiero trabajar en eso y jugar con el concepto. Así estamos construyendo el nuevo álbum.»

¿Y por qué esa elección de la impostura?
Solari: Porque para mí esto es lúdico. El arte es un montaje alegórico, un adivinanza. O al menos lo que uno cree que es. El elemento lúdico, el juego, es básico en el momento de la creación. A nosotros nos interesa el juego. Me parece que en el espíritu del niño, con respecto a la inocencia de jugar con las cosas en un estado embrionario, casi primigenio, hay algo esencial con el que uno puede crear. Nosotros podemos hablar de cualquier cosa, pero lo que hacemos son canciones. Y de alguna manera, las canciones las hacemos dentro del juego general de nuestras vidas, de lo que creemos que es atractivo para pasarla bien, divertido. la única forma es volver a jugar, volver a fichar, volver a tirar los dados.

¿El estadio de River tuvo algún significado especial?
Solari: Para mí River, como fue Obras en su momento, no significa otra cosa que el espacio físico que elegimos y que creemos que es el mejor para cierto momento. Obras era sólo un ámbito que tenía las características y la capacidad para meter el caudal de gente que nos venía siguiendo. Ya estábamos tocando en lugares para más de 3000 personas, y siempre se armaba bardo porque quedaba un montón de gente afuera.

En cuanto a la mítica oposición de tocar en Obras, nunca existió. En realidad, lo que sucedía era que el estadio tenía un funcionamiento, que por distintos motivos, se daba de patadas con una producción independiente. En mi caso, el show es el escenario, un ámbito tan propio que es donde más estuve en mi vida. Mi única preocupación pasa por hacerlo lo mejor posible. Además, el resto uno no lo puede controlar. El comportamiento de las masas es una cosa muy difícil de controlar. Es relativo, depende del humor general, si esa semana hubo un acontecimiento que ignoramos cuál es, y hay un malestar general y la gente está rechiflada por algún motivo. Pero con respecto a lo que uno hace, es lo mismo desde la época en que tocábamos en los pubs. El esfuerzo fue siempre el mismo y el interés también.

Skay: A mí lo que me pasa es que tengo muchas ganas de tocar. Y la banda está sonando como nunca.

Poli: Querían River, ahí lo tienen.

UNA GIRA DE CUARENTA AÑOS

Las famosas empanadas en la casa de Poli ya ocuparon el lugar de las aceitunas y el quesito. La charla que había empezado con la luz del sol, ya se enmarca con la oscuridad que se refleja del jardín. El Indio admite que mira «a veces, de vez en cuando, haciendo zapping» el programa «Primicias», y más allá de las bromas pertinentes, asegura que el retrato de las pugnas de poder dentro del ambiento periodístico está recreado con bastante precisión. Mientras Poli rescata fotos de la banda de todas las épocas y las exhibe con orgullo.

¿Alguna vez pensaron en hacer una gira nacional, algo así como un tour con varias fechas consecutivas?
Solari: la idea está siempre, lo que pasa es que no es fácil. En nuestro caso, al no estar fichado por una compañía, no tenemos gente que nos represente en distintos lugares, ni un equipo ni nada. Es una cosa compleja para una producción independiente. Y también uno acepta que hay diferentes composiciones sociales en las provincias. Hay provincias que son muy conservadoras. Uno puede medirlo por otros números que a veces no son bien tratados y termina yendo menos gente de la que se creía, porque ahí es una ciudad muy importante, pero resulta que está integrada por un componente mayoritariamente conservador.

¿Intentaron ponerla en marcha alguna vez y no pudieron?
Solari: No, no nos pasó nunca. Pero esta también es una excusa, porque tenemos un alto grado de haraganería. A la edad que tengo, todo el asunto de los hoteles ya no lo disfruto como cuando era más joven, que siempre había un poco de bonche.

Skay: Nosotros hacemos la gira, pero lo que pasa es que demora cuarenta años. (risas)

Poli: También se nos plantea el tema de que si somos bien recibidos por las autoridades.

Solari: Cuando Poli dice eso, se refiere a si va a ser bien recibido el aluvión de gente que siempre nos acompaña. ya nos pasó que llega un número mayor de gente al pueblo donde tocamos, que la cantidad de sus habitantes. Con todo lo que significa, se quedaban sin comida, sin bebida.

Skay: Siempre hay gente a favor y en contra. En esa lucha, los grupos ,más conservadores, los que tienen el poder, son los que suelen torcerle el brazo a los otros.

Solari: Claro, en realidad, el funcionario que está a cargo lo que no quiere son olas. Si todo pudiera ser llano y tranquilo… Nunca están a favor de que pase una cosa así.

¿Tuvieron alguna vez la posibilidad de observar de cerca esa peregrinación que se produce cuando tocan en el interior?
Solari: De vez en cuando, cuando las condiciones son posibles, recorremos el lugar con una combi. Pero hay momentos en que yo, que me tocó esta especie de calvicie tan llamativa, quedo medio atrapado en el hotel.

La primera vez que realizaron estos shows multitudinarios en el interior, ¿esperaban que se produjera tal fenómeno?
Poli: No sabíamos lo que iba a pasar cuando nos aventuramos a ir. Además, habíamos elegido un pueblo en el medio de la nada, y de pronto empezaron a llegar y llegar. No lo podíamos creer.

¿Cómo surgió esta modalidad de shows en las afueras?
Solari: A medida que los escenarios nos fueron quedando chicos, que quedaba gente afuera, no tuvimos más alternativa que intentar con otra historia. Más que nada para no generar situaciones jodidas. La solución a eso, en nuestro caso, siempre fue inventar lugares para tocar. El éxito de los Redondos ha ido siempre a contrapelo del éxito o fracaso de los demás. Entonces, nunca hubo un circuito de estadios aceitado que estuviera en permanentemente funcionamiento.

LOS ENEMIGOS MÁS TEMIDOSA nueve años de la muerte de Walter Bulacio ¿cuál es su visión de los hechos?
Solari: Nuestra postura sigue siendo la misma que entonces. Creo firmemente que no se le puede arrebatar a la gente, al menos, ser dueña de su dolor. Lo que nos conmovió para mal, en ese momento, es la emulación de un acto social. El hecho de cómo se transformaba un dolor genuino, en un acto mediático y todo lo que se generó alrededor. Como la falta de respeto a la muerte, por ejemplo. Porque la mayor falta de respeto a la muerte no está en el silencio, sino en la apropiación del evento del dolor con otros intereses. Y eso es lo que nosotros vimos y lo que sentimos. Independientemente de todo lo que se mintió en aquel momento y lo que se dijo, quizás para detonar que uno conteste a esas cosas. Pero creo que hay umbrales que el hacer canciones excede. No me interesa apropiarme del dolor genuino de la gente en ninguna circunstancia. Eso es lo único que es de ellos, que es de la abuelita, de la mamá, de los amigos, y de alguna manera de nosotros. Sólo de alguna manera.

Creo que eso ha sido y debiera ser doloroso para aquellos que tenían acceso a la intimidad de Walter, que lo conocían, que sabían de la calidad de su persona, que lo lloraron y les dolió con sinceridad. El resto, todo lo que pasó alrededor, fue un circo de intereses. Esa es la manera en la que lo hemos visto siempre.

Entonces, ¿creen que actuaron de la manera correcta?
Solari: Sí, por supuesto. Lo único por lo que yo pido disculpas es por mis enemigos. Porque esas actitudes no sólo pintan a quién te ataca sino que, de alguna manera, desmerecen lo que uno es. Uno tiene el nivel de los enemigos que tiene. Me dan vergüenza. Y contra ese tipo de boludez uno no tiene defensa en el propio daño que se hace. Ahí lo que siento es que yo estoy dañado por mí, no por el otro. ¿Qué mierda estoy generando, que tal miseria es posible y puede transcurrir sin oposición?

En sus 25 años de carrera, ¿se arrepienten de algo que hayan hecho?
Solari: Uno siempre se arrepiente de algo. Pero contestando de una forma abarcativa, cómo me voy a arrepentir de un proceso, de un suceso, que me ha llevado a una condición de óptima comodidad. Para empezar, que me permite tener dos testigos de mi vida como ellos, desde hace tanto tiempo atrás. Eso es invalorable cuando te pasa la popularidad y todo esto. Porque si bien la fama te cambia mucho, también cambian los amigos y los demás, ¿no?.

En general no me arrepiento de los Redondos. Aunque es verdad que con el tiempo, cuando uno mira atrás, recién ahí se da cuenta de que esto se fue al carajo.

Y si ellos lo dicen… PALABRA REDONDA.


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s