Es verdad aunque usted no lo crea: conseguimos entrevistar a Patricio Rey

Cuando pensé en hacerles una nota a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el misterioso grupo platense que sacudió la modorra de los escenarios capitalinos y su habitual clima de bajón y seriedad con su insólita propuesta de circo-rock-teatro-fiesta, se me ocurrió que tenia que ser un reportaje “distinto”. No hubiera sido coherente una nota formal precisamente a un grupo que decidió declararle la guerra a ese viejo vicio porteño, la formalidad. Sobre todo después de su triunfal concierto de fin de año en el Teatro de la Cortada, en el que a las huestes de Patricio se sumó Robertino Granados y su Circo Fantasma, provocando un infernal clima de delirio, una inolvidable fiesta donde se perdió todo límite entre el escenario y los asientos, entre los “artistas” y el público, haciendo protagonistas a todos los presentes.
Para ello, me fui hasta La Plata (con el objeto de sorprenderlos en su reducto) y les dije: “Tengo planeada una nota a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Pueden hacer lo que quieran”. No hicieron falta más palabras. Hubo unas cuantas miradas cómplices que se entrecruzaron y la promesa de vernos próximamente. A los pocos días me llegó un sobre herméticamente cerrado con un verdadero «boom” periodístico. Los muchachos, en un verdadero esfuerzo que no me cansaré de agradecerles, habían conseguido entrevistar a su gurú, nada menos que el intangible y misterioso Patricio Rey, en una nota donde éste explica los propósitos (!!!) y las ideas (???) que animan al grupo. Lo que sigue es la trascripción textual del texto que me fuera enviado. Las interpretaciones corren por cuenta de cada uno.

Revista Expreso Imaginario #31. Febrero de 1979. Por Claudio Kleiman

REPORTAJE A PATRICIO REY (POR FIN, POR FIN…)

Expreso Imaginario, en exclusividad para Argentina, publica este reportaje obtenido por el periodista free-lancer Norman Olliermo Indigi, a Patricio Rey, luego de veinte días de infructuosas búsquedas y falsas pistas.

BRUSELAS

Son las cuatro y minutos. Hace frío por aquí. Después de haber culminado la más dificultosa tarea periodística de mi carrera, recorro con la mirada mi equipaje ya listo. Parto en una hora. Bruselas es una ciudad vieja. Mirando el asfalto húmedo, me pregunto por qué me fue dado encontrar a Patricio Rey en un lugar como éste y no en Lisboa o Berlín, adonde me llevaron las informaciones recibidas en mi agencia en Rochester. Después de la experiencia del reportaje, vuelvo a reconsiderar los incidentes y los personajes que me acercaron a esta nota, como por ejemplo el suntuoso peluquero berlinés que me dio el dato definitivo acerca de su paradero, o el risueño cónsul ecuatoriano que casi confidencialmente me indicó el nombre del club nocturno en el cual Patricio Rey acostumbra cenar. Llegado a este punto me siento tentado de acrecentar el valor de la nota enumerando las dificultades surgidas; pero mi norma profesional me indica como más coherente con mi ética el presentar la nota lograda.

«LA NOTA»

Rue de la Epée. Doce y cuarenta y cinco a.m. Persiste la llovizna fría y sin embargo continúo alerta. Si mis informaciones son ciertas, Patricio Rey se encuentra cenando tras esa puerta labrada, a escasos cincuenta metros del carruaje en el cual me hallo expectante. Es un club privado (privadísimo a esta hora de la madrugada. A la una y treinta a.m. se abre la puerta, y sale una figura corpulenta enfundada en un impermeable que hace una imperceptible seña hacia la esquina. Un Buick acerado se desplaza lentamente hasta detenerse frente al club. En ese momento, mientras se abren las puertas y penetran en el automóvil otros tres impermeables, el gigantón cruza la calle y se acerca hasta mi carruaje abriendo la portezuela. Miro indefenso al cochero, que aparentemente duerme y no presencia esta situación. El hombretón me toma del brazo haciéndome descender del carruaje, y mientras me guía hacia otro vehículo, desapercibido para mí hasta el momento, me indica en un correcto inglés: «Nada de cámaras fotográficas, nada de micrófonos, descripciones físicas ni ubicación».
Una y cuarenta y cinco a.m. Solos mi guía y yo en un ascensor. Sin sonido se abren las puertas. Un piso europeo continúa el ambiente del ascensor. Ciertos detalles armónicos en la disposición del mobiliario me indican que esta es una sala para entrevistas. A pesar de no quedar testimonio grabado de la entrevista, mantengo casi textual el diálogo con Patricio Rey.
Dos a.m. Música funcional tenue. Xavier Cugat.

Periodista: Mi objetivo es obtener una comprensión más amplia sobre su personalidad. En Estados Unidos cada vez hay más adeptos que siguen sus enseñanzas. ¿Puede usted esclarecerme?

Patricio Rey: Me siento en la obligación de corregirlo (sonríe). Las mías no son enseñanzas; yo doy «consejos». Con respecto a Estados Unidos, para mí carece de importancia en estos momentos, a pesar de que allí se nuclea cuantitativamente el grueso de mis pupilos. Mis consejos existen en tanto y en cuanto haya en el otro extremo una diferenecia de potencial. Me considero un acupu-equilibrista. En U.S.A. este tránsito de energía cruda se ha cortado hace ya tres largos años. Esto parecen ignorarlo mis ex pupilos. En este momento, en el único lugar que ejerzo padrinazgo es en Sudamérica, más precisamente en Argentina.

P.: ¿Cómo se llega a esta situación?

P.R.: Su pregunta es inteligentemente muy amplia, me permite ser más preciso. A principios del 77 recibí una conmovedora carta, firmada por un grupo de jóvenes. En ella me contaban que había llegado a ellos la noticia de mi existencia. Me referían, textualmente, que eran un grupo de jóvenes descarriados que habían terminado un ciclo de «pasos cambiados y malas juntas”. Así, me amenazaban con desatar una “ola de terror» si no lograban mi padrinazgo. Aprovecho este punto para aclarar mi situación de responsabilidad para con mis pupilos. El término «responsabilidad» en este caso debe ser tomado de una manera especial. Esto se explica con la situación de que este grupo no me pidiera o implorara padrinazgo, sino que me lo exigiera a través de una amenaza. Esto generó la diferencia de potencial necesaria para mi intervención.

P.: ¿Y como se manifiesta su intervención en la mecánica de trabajo de estos grupos?

P.R.: Nuevamente su pregunta me tranquiliza porque parece haber comprendido el significado de “responsabilidad». Usted pregunta por la mecánica de trabajo no sobre cómo lo ordeno o dirijo. El mecanismo de tránsito obviamente no se lo voy a explicar, pues es parte del total de la energía en circulación, y se perdería en la explicación. La vehiculización que hacen estos grupos es lo que sí puede explicarse. A través de distintas disciplinas de acción no ortodoxas. Mis pupilos transfieren el concepto «fiesta”. «A lo largo de la historia, el ver y el oír han hecho atento y desdichado al pensar…”. El funcionamiento es lo más orgánico que se pueda pedir. Es como el cerebro o una colonia de termitas. La acción reúne los componentes unitarios que de por sí desconocen la «fiesta»: recién la recuerdan en el momento y en el lugar del acontecimiento.

P.: ¿Cómo es eso del «acontecimiento»?

P.R.: El impulso que reciben los componentes puede tener características rituales o canallescas. Tengo entendido que mis pupilos argentinos utilizan los dos métodos. El ritual, a través de unas masas fritas o pasteles, y el canallesco a través de plegarias-insultos.

P.: Perdóneme señor Rey, pero no es muy claro para mí esto del «acontecimiento”…

P.R.: Comprendo su confusión. Porque la transferencia de la idea es posible con la participación en el acontecimiento. Podría describirle someramente el desarrollo de una “fiesta” de este grupo. La acción a través de códigos de disciplinas no ortodoxas, como la música ROCK el HUMOR, la DANZA, el CIRCO se desarrolla siguiendo las líneas invisibles de la energía circulante, o cruda. No es caótico, como no es caótica la explosión de una nova. Lo único que interesa es el objetivo fundamental, que ya sea por uno o por otro medio logra la “fiesta” en el tiempo del «acontecimiento”.

P.: ¿…?

P.R.: Todo esto es intransferible en este código, le vuelvo a repetir. Lo único útil para comprender es «participar”. El ver y el oír hacen desdichado al pensar…”.

P.: ¿Y quién es quién en LOS REDONDITOS DE RICOTA?

P.R.: La identidad no agrega nada al hecho, pues por separado los componentes nada significan, en todo caso sólo potencialmente. «No son seres sino fuerzas». A mí no me interesa eso, incluso lo desconozco. Pero si es de su interés, seguro que las revistas especializadas de Buenos Aires deben haberlo publicado. Usted sabe, para mí es fundamental combatir el ego. Por otro lado, en el plano personal, lo único pretencioso que he hecho en los últimos cinco meses es esta insatisfactoria explicación de algo que sucede fundamentalmente en el nivel sensible.

P.: ¿Y cómo hacer para participar en esa «fiesta”?

P.R.: Por lo pronto, para los próximos meses he aconsejado un «retiro de recarga”, que espero sea cumplido, para poder lanzar la energía cruda y ROMPER LA PIÑATA DEL 79. La verdadera ROCA BESTIAL. De cualquier manera, y en el momento que esto suceda, le aconsejo dejar su vocación periodística en las boleterías para «perder la forma humana” de manera más adecuada.

En ese instante se abre la puerta lateral, dejando paso a una mano enguantada que efectúa un ademán obsceno e indescriptible, al tiempo que una voz chillona grita: ”El tiempo ha terminado, el tiempo se ha cumplido”. Patricio Rey se ruboriza y con un amaneramiento impropio llama al impermeable con una expresión que aún permanece en mis oídos: «Iujuuuuuuu…”. El gigantón me indica la puerta mientras musita entre dientes «por fin, por fin…». Al penetrar al ascensor escucho a mis espaldas un excitante descorchar de botellas…

Búsqueda periodística y foto: Claudio Kleiman



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