La gran estafa del rocanrol

Los Redondos en Castelar: crónica del recital que no fue.

Publicado en pungalandia.medium.com el 8 de octubre de 2020. Por Sebastián Garcia. Textos: @Tr3sEmpanadas. Investigación y entrevistas: @elpapupinson y @Tr3sEmpanadas

Promediaba el otoño de 1992 en la Argentina. El Newell’s de Bielsa peleaba el Torneo Clausura y la Copa Libertadores, el gobierno de Menem castigaba a docentes y jubilados por igual, la clase media comenzaba a saborear las primeras mieles del uno a uno, y el mundo se asombraba con el caso de un filipino embarazado, cuando todavía nadie hablaba de fake news. Mientras tanto, un rumor comenzaba a circular con fuerza en los barrios del Oeste del conurbano bonaerense, causando asombro y entusiasmo en los jóvenes cultores de las bandas de rock: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se presentaría en el Club Argentino de Castelar.

Por un lado, la noticia resultaba verosímil. Desde la década del ’60 en adelante, era habitual que en el Argentino se hicieran bailes, fiestas, recitales y todo tipo de espectáculos. Por las tablas de ese club ya habían pasado Los Plateros, Almendra, Los Cinco Latinos, el Trío los Panchos, Sergio Denis, Fito Páez, Mercedes Sosa, Alejandro Lerner, Los Violadores, Los Twist, César “Banana” Pueyrredón, Titanes en el ring, MiDaChi, el “Negro” Olmedo y muchos otros artistas. Sin embargo, había lugar para la sospecha…

Los Redondos eran por entonces una de las bandas del momento y su nivel de convocatoria crecía en cada recital. En octubre de 1991 habían lanzado su quinto disco, La mosca y la sopa, y lo presentaron con tres shows en Autopista Center (noviembre ’91) y otras tres funciones en Obras Sanitarias (diciembre ’91) para despedir el año.

Luego de unos meses de descanso, en mayo del ’92 volvieron a ofrecer tres recitales más, esta vez en el microestadio de Lanús. Es decir que el Club Argentino, cuya cancha de básquet puede albergar como mucho a tres mil personas, no parecía ser un lugar propicio para un grupo que convocaba arriba de cinco mil en cada presentación. Así y todo, el runrún logró instalarse.

La historia comenzó cuando un hombre se presentó en el club y dijo ser el productor de los recitales de los Redonditos de Ricota. Pidió hablar con gente de la Comisión Directiva y, luego de recorrer las instalaciones, habría dejado una seña para alquilar el gimnasio. A la semana, el centro comercial de Castelar amaneció empapelado con afiches anunciando el show para el viernes 10 de julio.

Pese a no contar con el aval del club, el hombre se las ingenió para instalar una mesita en el hall de entrada y ponerse a vender localidades. Al cabo de unos días, el supuesto organizador desapareció y nunca más se supo de él. Y los Redondos, por supuesto, jamás pisaron el Argentino de Castelar.

“Ah, ¿vos estás buscando pelotudos de aquella época? (risas) Bueno, junto con mi amigo Gustavo Oliver fuimos dos de los damnificados. En aquel momento había una cosa medio secreta y misteriosa en torno a los Redonditos. Te enterabas de que tocaban porque la información circulaba de boca en boca, ¡y se llenaba! Me acuerdo que fuimos a comprar las entradas al club y ese mismo día, a la tarde, escuchando FM En Tránsito (la radio de Castelar) me entero de que no iban a tocar, que era todo una mentira. Nos quedamos con las ganas”, contó el actor Daniel Zaballa, que en aquel entonces lideraba la compañía músico-teatral Pierrock.

“En ese momento me dio bronca, porque obviamente te sentís estafado. Pero después te cagás de risa. La verdad que la hicieron muy bien los tipos y seguramente ganaron mucha plata. Es la típica historia del vivo que cae a un pueblo y se aprovecha de la inocencia de la gente”, agregó Zaballa, recordando aquel episodio cuasi cinematográfico.

Para comprender lo que pasó, primero hay que contextualizarlo. A comienzos de los ’90 todavía no existía Internet, ni Twitter, ni Facebook, ni Google, ni WhatsApp, ni nada que se les parezca. El boca en boca era un método publicitario bastante efectivo en el rock de aquellos tiempos, además de los afiches callejeros. Por supuesto, las bandas no contaban con órganos de difusión propios para comunicar sus shows o lanzamientos, y mucho menos para salir a desmentir rápidamente una información falsa. Es por eso que el rol de la radio resultó fundamental para desbaratar la maniobra.

El periodista Juan Carlos Martínez, actual director del periódico La Voz de Castelar, que en aquel entonces conducía un programa en FM En Tránsito, todavía tiene muy presente el hecho. “Esta gente ya venía haciendo estafas en otros lugares. Dentro de la cooperativa estaba Graciela Doval, que en ese momento era la señora de uno de los iluminadores de los Redonditos. Entonces nos llegó la data rápidamente, dimos la información al aire y logramos alertar a la audiencia para que no siguieran yendo a comprar las entradas», recordó Martínez.

Otro de los estafados fue Calo, reconocido bolichero de la noche castelarense de los ’90, actualmente radicado en México. Él también compró entradas en el hall del club y, al igual que Daniel Zaballa, se enteró de que todo era una farsa escuchando FM En Tránsito.

“Yo en ese momento todavía no tenía el boliche. Trabajaba en la juguetería Cucurucho, que quedaba en Arias. Me acuerdo que había carteles pegados en toda esa cuadra, por donde estaba la Gran Castelar. También por Timbúes, cerca de Tarzán y de la heladería San Remo, que se veían desde el tren. Un sábado terminé de trabajar, me habían pagado la semana, y me mandé para el club a comprar las entradas. Compré dos, una para mí y otra para mi novia de ese momento. Lo primero que hice fue llamar a mis amigos para contarles. Después, cuando se supo que era una estafa, me cargaban todos”, se lamentó Calo.

El que no cayó en la trampa fue Emiliano Pinsón, reconocida figura de la cadena FOX Sports y vecino de Castelar, que en aquellos años todavía no era periodista, pero sí socio del Club Argentino e iba seguido a los recitales de Patricio Rey.

“Arranqué yendo a ver a los Redondos cuando estaba en 5to. año del Secundario, en el ’89. Fui a verlos a Sky Lab de San Justo, a Pinar de Rocha en Ramos Mejía… También en Satisfaction, un cine abandonado que quedaba en Constitución. Cuando se empezó a correr la bola de que iban a tocar en el club, yo me acuerdo de no haber creído eso y no compré las entradas, pero algunos amigos sí lo hicieron. Eran muy truchas, aunque en aquella época todas las entradas eran así”, recordó Pinsón.

“Fue todo muy rápido. La venta se dio enseguida y los tipos se escaparon a los pocos días. Y deben haber hecho buena guita, porque me acuerdo que mucha gente fue a comprar. Incluso un amigo sacó varias porque quería ponerse a revender, qué pelotudo”, agregó el periodista deportivo, entre risas.

Mucho antes de fundar Ella es tan Cargosa, Rodrigo Manigot —también vecino de Castelar — cantaba junto a sus hermanos Constanza y Mariano en La Banda de los Corazones Solitarios, un grupo de covers que solía reventar los bares de la zona oeste.

“Me acuerdo que teníamos programado un recital con los Corazones en el colegio Inmaculada, que lo organizaban unos alumnos para recaudar fondos para su viaje de Egresados. En un momento dado nos enteramos de que los Redondos iban a tocar en el Argentino la misma noche que nosotros. ¡Y casi se suspende nuestro show! En aquel tiempo tocábamos todos los sábados en el programa de Badía y convocábamos bastante gente, pero obviamente los Redondos nos iban a quitar mucho público. Al final se supo que era todo una mentira y pudimos tocar en Inmaculada, vinieron 1.500 personas, fue un éxito”, explicó Manigot.

La noticia de la estafa en el Club Argentino llegó a los oídos de la propia banda del Indio Solari y Skay Beilinson. Diana Gutiérrez Haedo, una vecina de Ituzaingó que en aquel momento trabajaba como secretaria en el estudio de grabación Del Cielito, ubicado en Parque Leloir, recordó: “Cuando los Redondos estaban grabando Lobo Suelto, Cordero Atado le pregunté a Poli — Carmen Castro, la histórica manager y guía espiritual de la banda — cómo les había ido en el Club Argentino y me dijo que no, que eso había sido una estafa total. O sea que los Redondos estaban enterados de lo sucedido”.

Muchos de los integrantes de la Comisión Directiva del Argentino en el año ’92 han fallecido, y los que aún quedan entre nosotros recuerdan muy poco sobre lo que aconteció en aquel otoño. Sin embargo, vale aclarar que el club no solo no tuvo nada que ver con la estafa, sino que también fue víctima del impostor.

El frustrado recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el Club Argentino quedará para siempre en el Top 3 de las anécdotas en las que el rock nacional y la ciudad de Castelar hacen esquina, junto con la vez que Charly García irrumpió en la casona del fallecido escritor y activista informático Fernando Bonsembiante —otrora reducto under ubicado en la calle Montes de Oca entre Avellaneda y Carlos Casares, donde se realizaban las recordadas fiestas del “Dragón Verde”, con la banda El Presidente como número estelar— y el histórico recital de Sumo en la víspera de la Navidad de 1985 en el pub Beijo na boca, situado en Bartolomé Mitre y Av. del Libertador, donde hoy funciona Super Canal.

De aquella zapada de Say No More quedó esta brillante crónica del escritor Gustavo Nielsen publicada en Clarín. Algún día, quizás, alguien se encargará de contar la de Sumo.


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