«Nuestro aporte es abrir nuevos mundos»

Sergio Dawi y Semilla Bucciarelli, ex saxofonista y bajista de Los Redondos, se consolidan en un dúo de arte audiovisual experimental donde uno pinta y el otro toca, o al revés. «Ambos a la vez» se llama el espectáculo en el que improvisan a partir de una estructura de 14 o 15 cuadros sonoros. El experimento en vivo resulta un viaje, un trance bellísimo y movilizante. De sus nuevos proyectos, una gira nacional y la edición de un DVD, de la cultura rock y claro, algo de todo cuanto abrevaron de su pasado ricotero, hablaron con Sudestada. La escalera angosta que subimos desde un patio lleno de plantas desemboca en una habitación repleta de instrumentos de viento, amplificadores, bolsos y algunas computadoras portátiles y consolas en un escritorio. Dawi y Bucciarelli se apoltronan en dos viejos sillones y se aprestan para la entrevista. El cronista hace preguntas con el culo apoyado en la alfombra roja, vieja, gastada de tantos pies que le marcaron compases. La fotógrafa dispara una y otra vez. Entre el ruido de los flashes, hablan Sergio y Semilla.

Autor: Revista Sudestada, septiembre de 2014

La frase es de Semilla: «Cuando uno está en la búsqueda de algo nuevo, está en una movida política. Para mí el rock es eso, en mi vida siempre fue así». Contesta con tal naturalidad que no hace falta preguntar -¿qué más?-, porque sigue Dawi: «Nuestro aporte es abrir nuevos mundos, que la gente descubra lo que hacemos; es bastante más silencioso que si estuviéramos haciendo solicitadas. Nuestro compromiso es esa pequeña trinchera que tenemos en el escenario, un espacio de prueba e interrogantes. Claro que tiene que ver con el exterior, estamos cargados de lo que pasa afuera, del mundo».

El mundo ese de ahí afuera que señala Sergio es un atestado barrio porteño, con el traqueteo infernal de las últimas horas de la tarde. Dawi tiene una cadencia al hablar inversamente proporcional al histrionismo que luce en un escenario cuando sopla el saxo. Sergio sigue hablando en la sala de ensayo donde recibió a Sudestada: «Yo creo que uno está constantemente con las antenas paradas, en el mundo y en el pequeño mundo, y como tenemos los canales abiertos para poder manifestarnos, no tenemos las características del que se manifiesta con un sentido que tenga que ver con una crónica, sino que son impresiones, que tienen implícita una mirada irónica, un descreimiento, una alegría». Y remata: «El compromiso no es solo el militante, sino ir hasta las últimas consecuencias con lo que sentimos y vemos, y poder probarlo en nuestra pequeña trinchera, que es el escenario».

La conversa deriva en sus inquietudes como músicos nacidos y criados en la cultura rock, en cómo fue ser joven en los setenta y ochenta, en el desarrollo de las expresiones artísticas de los noventa, de los músicos que parió la crisis. Ser músico, parte del rock ¿aún hoy como cultura? Retoma el bajista: «El trabajo del artista es un poco la sensibilidad de la gente para pulir el mensaje. Me interesa estimular la sensibilidad».

-Y en esa trinchera, Semilla, ¿cómo convivís desde tu lugar ahora cuando antes era ante una multitud en la punta del escenario donde tu ametralladora era el bajo?

– Ahora es el lápiz -dice-. Para mí es lo mismo.

Dawi mira al cronista y agrega: «Y una pequeña diferencia, ahora nos conmueve el silencio, cuando terminamos y notamos que el público estuvo en tu mismo viaje, en silencio. Claro que nos conmovió el estadio ahora que estuvimos con el Indio».

El pasado 12 de abril volvieron a compartir escenario con Solari, en el hipódromo de Gualeguaychú. Ellos dos, junto al ex baterista de Los Redondos, Walter Sidotti, subieron a escena para tocar tres temas. «La Pajarita Pechiblanca», la última canción del último disco solista del Indio, que habían grabado para Pajaritos, Bravos Muchachitos, y dos yapas ricoteras: el inédito «Nene Nena» y «Ya nadie va a escuchar tu remera».

«Eso estuvo bueno -comenta Bucciarelli-, porque hacía diez años que no tocaba en un lugar grande y con tanta gente. Hasta me pareció natural, no me puse ni nervioso; es más, me puso más nervioso la situación de estar seis horas detrás del escenario esperando, que estaba todo lleno de barro, y uno se pone mal. Mi exposición es esa, por más que yo estoy abajo».

Aquello fue una locura, piensa el cronista pero no lo dice. Vinimos hasta este piso horizontal de la ciudad a hablar de la experiencia audiovisual que ellos llaman «Ambos a la vez». Y que también es una locura, un trance. La performance en la que Dawi sopla su instrumento con cadencia o vehemencia, y Bucciarelli descubre dibujos en trazos digitales, a partir de la música o para ella, es -permítase al cronista definirla- una exquisitez artística. Una nueva oportunidad para quienes creen que últimamente las propuestas artísticas -a decir de Enrique Symns- no sacuden su mismo viejo culo azul del cielo…

(La nota completa en Sudestada N° 132 – septiembre 2014)


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