Skay Beilinson: de la indiferencia a la segunda nota

Para conseguir el ansiado reportaje con Skay sufrimos de lo lindo. Mientras confeccionábamos de a poco el primer número de Soy Rock, habíamos mantenido un escueto y tímido intercambio de palabras con Poli para acreditarnos a un show en Gap en Mar del Plata. Algunos meses después salió Talismán, el segundo disco solitario del guitarrista de Patricio Rey. Más vale, lo queríamos en tapa.

Autor: Revista Soy Rock, enero de 2006

Número de Soy Rock: 13
Protagonista: Skay y Poli
Fecha y lugar: una tarde de abril en un bar de Palermo Hollywood.
Aperitivos: café y birra
Cronistas: Pablo Mileo y Miguel Prenz.
Clima: amable distensión.

Para conseguir el ansiado reportaje con Skay sufrimos de lo lindo. Mientras confeccionábamos de a poco el primer número de Soy Rock, habíamos mantenido un escueto y tímido intercambio de palabras con Poli para acreditarnos a un show en Gap en Mar del Plata. Algunos meses después salió Talismán, el segundo disco solitario del guitarrista de Patricio Rey. Más vale, lo queríamos en tapa.

Nos habían advertido que Poli y Skay rara vez atienden el teléfono, así que el mensaje en el contestador se convirtió en la única opción. A partir de ahí, todos los santos meses repetimos el ritual y les dejamos de todo: pedidos respetuosos, saludos cancheros y súplicas al borde de la desesperación. Nada, nunca nada. Acordamos dejar el último y no volver a molestar. Un buen día almorzábamos en la redacción, socializando nuestra decepción por las fallidas tratativas y de repente ¡ring! ¡Era Poli! Conocedora de lo más interesante de su barrio, nos citó en un bar flashero, abierto más temprano exclusivamente para nosotros. Llegamos juntos, nos acomodamos, café para ellos, cerveza para nosotros. Revolvimos las fotos que iban a ilustrar el encuentro y espontáneamente fueron surgiendo las preguntas. Poli nos despidió en el medio de la nota con un beso y un “Hablamos”. Después de agotar todas las inquietudes, apagamos el grabador y se invirtieron los roles. ¿Se lo imaginan a Skay preguntando qué cosas nos gustan, qué nos parece el disco del Indio, etcétera? Encima, cuando apareció el mozo, nos miramos y arrancamos con la segunda vuelta de cerveza.

Nos sorprendimos por su enorme simpatía, y por esa extraña timidez que desaparece por completo arriba del escenario cuando pisa el pedal y encarna al oscuro guitarrista que encarna personajes de los suburbios. Nos alucinaron sus ganas de estirar un poco más un encuentro que, sin grabador, perdía su objetivo inicial para transformarse en otra cosa mucho más relajada y amigable.

Cuentan que desde hace muchísimo tiempo, Poli y Skay viven dando vuelta por la ciudad descubriendo bares, compartiendo noches con amigos. Por un rato nos sentimos parte de esa selecta cofradía. Son los privilegios de laburar en lo que nos gusta y de entrevistar gente copada de verdad.


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