El largo camino de Sergio Dawi y su mochila prodigiosa

Fue durante muchos años el saxo de los Redonditos de Ricota, y la mitad del los DosSaxos2. De la mano de amigos como Semilla Bucciarelli, Andrea Prodan, Hernán Aramberri y Walter Sidotti, y con un viejo almacén de músicas como recurso, acaba de sacar su “Estrellados”, primer paso solista.

Autor: Expreso Imaginario, diciembre de 2004. Entrevista: Martín Graziano – Textos: Benedetti/Graciano

Los últimos meses de 2004 van a ser recordados como aquellos días en los que los seguidores de Patricio Rey se encontraron con material fresco picado de la misma cantera. Mientras Skay Beilinson editaba su Talismán (continuador de “A través del Mar de los Sargazos”, de 2002), con el trazo gráfico de Rocambole, y el Indio anunciaba su regreso con sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado, Sergio Dawi sorprendía a más de uno con su disco Estrellados.

En un acopio de años, Dawi fue sumando músicas y amigos, que se encauzaron en un puñado de canciones de verdad eclécticas, empaquetadas con la ayuda de Semilla Bucciarelli, otro Redondo del ala plástica. De la mochila de Dawi salieron tonadas de acento popular y decadente, una preocupación inusual por el costado teatral, y la evocación por la música como evento colectivo. Su voz –por primera vez pone letras y se lanza a cantar- recorre el disco con una mueca histriónica, a la manera de intérpretes como Tom Waits y Nick Cave.

Rodeados de maquetas, instrumentos de viento con factura exótica, pinturas, termo y mate, Sergio encaró un recorrido por presente, pasado y futuro, una historia en la que Estrellados, hasta ahora, puso las últimas palabras.

Este disco ¿es fruto de qué circunstancias?
En mi terraza tengo un espacio donde trabajo desde siempre, donde tengo una suerte de almacén con músicas que toco sin un objetivo previo, músicas que he hecho para largometrajes y varios cortos o espectáculos teatrales. Son, en principio, instrumentales; hay otras a las que les he puesto una melodía, pero no tenían la palabra en castellano, sino una suerte de ‘sanata’, de dibujo.

Estas cosas llevan años aquí, y empezaron a tener la necesidad de buscar otro tipo de forma. También en relación al momento, el 2002 y toda la hecatombe de credibilidad, de preguntas que surgían, empezó a surgir un canal para ponerle palabras a cosas que me estaban pasando, que veía. A esas preguntas.

Cuando uno trabaja la música instrumental, es pura forma, bastante abstracto. Con los DosSaxos2 siempre le dábamos un marco estético en el cual esa cosa abstracta podía acercarse a un contenido, y creo que lo lográbamos. Pero ya con esto que me planteaba de ponerle palabras, había un desafío.

Uno hubiese esperado de un saxofonista como vos un disco de género, y nos encontramos con canciones. ¿Era eso lo que tenías ganas de mostrar?
Sí, quería que fueran canciones. Tenía ganas de incursionar en la palabra.

¿Habías hecho canciones antes?
No, canciones no. A partir de estos últimos dos años empecé a hacer esto, a reemplazar estas melodías que tenían una forma de canción, pero no tenían letra. Que seguían siendo pura forma. En realidad, no soy de sentarme a componer con un objetivo, sino más bien de juntar cosas. Lo mío es como tener un pedazo de plastilina y trabajarlo, y a partir del trabajo mismo empiezan a tomar formas las cosas. Es raro que yo me despierte a la mañana y diga “Hoy voy a hacer una canción bucólica”.

Para el proceso concreto, hice una serie de demos, con letras aproximadas, y después vino el reemplazo de esas cosas que yo había hecho con teclados, por los músicos. Y eso le dio una tracción a sangre, un aporte en feeling y en ideas. Hubo tres canciones que compartí con dos amigos, que fueron un puntapié inicial para animarme y pensar que sí era posible. Fue una experiencia muy rica, porque en general todo el contacto que tuve con los músicos tuvo un carácter orgánico. Básicamente por el tiempo, en este mundo bastante deshumanizado, donde el tiempo empieza a tener una urgencia tal, donde ya esta todo acotado a los tiempos que determina otro. No al tiempo que la música o la cabeza requieren. En contraste con eso, noté que ese tratamiento favoreció a las músicas. No fueron canciones hechas rápidamente.

¿Qué tan variables son las procedencias de los materiales que nutrieron el disco?
Hay cosas que tienen sólo un par de años, y hay otros materiales que provienen de diversos lugares y momentos. Entonces, fue la sumatoria del almacén, con nuevas cosas que necesitaba para que eso tome forma. Este disco se iba a llamar “Mochila”, y tenía que ver con que, de alguna manera, quería sacar para afuera un montón de cosas que tenía guardadas desde hacía tiempo; descargarme un poco. Tal es así que en el disco hay un track instrumental en donde toco la flauta dulce (“Flauta”), que fue mi primer instrumento de viento, y quería incorporarlo de algún modo. Hay otra canción que canto con mis hijas (“Sangre de mi sangre”), donde no hay una letra clara, sino esta especie de ‘sanata’ que decía antes. Tanto en “Procesión” como en “Funeral” intenté experimentar con la parte teatral. Para eso lo incorporé a Andrea Prodan y trabajamos juntos esta idea de que como músico y actor él pudiera interpretar una historia y ponerse en la piel de distintos personajes, y trabajar el concepto que yo tenía.

¿Te sentiste aliviado cuando descargaste esta mochila?
Y sí, cuando terminás el ciclo de un disco podés distanciarte un poco y esperar que te pide, y para donde salir. Ahora, después del laboratorio, de la fabricación, hay que ver como es la interrelación con el afuera, y veré que sucede. Otro de los planes es presentarlo. Y para ese momento, la columna vertebral de la banda va a ser la misma gente que grabó en el disco, pero seguramente el espectáculo va a tener un carácter más cercano a lo que fueron las puestas de los DosSaxos2. Los temas tienen una atmósfera teatral, no se si sólo porque las bases sobre las que están asentados los temas en un momento representaron o ilustraron imágenes, pero se prestan para una puesta teatral.

De la misma manera que traté en el disco de ensimismar las letras con las músicas y la gráfica, poder hacer un imaginario, una ficción. En ese caso, trabajamos a la par con Semilla, y también junto a un equipo de gráficos que están conmigo desde los Saxos. Él le puso la firma porque fue quien redondeó el carácter de los personajes. En principio habíamos planeado hacerlo digitalmente, pero eso no le daba profundidad, entonces hicimos una maqueta.

-De Estrellados no se puede decir que sea un disco de un saxofonista…
-Tuve el objetivo que las canciones sean la columna vertebral, entonces decidí correrme un poco de ese lugar. Entender que, aunque lo mejor que me pueda salir es el saxo por lo años que llevo tocándolo, no en todo momento se precisa un saxo sonando para decir cosas. Tengo otras herramientas. Hay mucho trabajo de máquinas, de edición, de cortar y pegar. Como todo desafío, aparte de la satisfacción, te da un aprendizaje bárbaro.

Este disco ¿es el comienzo de una carrera en una dirección?
No. En principio, el plan es armar la banda. Pero, para todos los músicos que participen de la banda va a ser una condición sine qua non tener una predisposición a encontrarnos sin los instrumentos, con un director de teatro, a desestructurarnos para poder encontrar, en la relación entre todos, algo. Seguramente parte de la escenografía tendrá que ver con la maqueta, porque ahí hemos podido encontrar un complemento para la imaginaria general.

¿De donde sale tu costado teatral?
Más allá de los DosSaxos2, en términos de origen, mi viejo hacía cine, y de alguna manera siempre he mamado todo eso, la generación de imágenes. Por otro lado, cuando en el ’87 comenzamos con los Saxos, lo hicimos en el Parakultural, y ese fue un punto crucial para darme cuenta de que yo entendía la música cuando había una imagen, elementos que podían complementarla. Recuerdo que en el espectáculo “Cachivache Tour”, había una filmación, un corto que hizo mi viejo, en el que yo actúo. Tenía tres años y aparecía tirando una piedrita en un saxo. Si tengo una formación, es esa. También he hecho cursos de clown y de acrobacia durante muchos años, pero nunca me plantee ser actor. Siempre de un modo natural, fruto de la curiosidad.

¿Por dónde habría que buscar tu base artística?
Creo que todo es una sumatoria. Mi base te puedo decir que está en mis viejos. Mi vieja es música. El disco lo saqué a través de un sello que era suyo, llamado La Cornamusa. Ella lo había creado para editar discos con sus temas (música para chicos), más algunos otros emprendimientos musicales. Eso, como estructura casera, fue algo muy importante.

Después, yo pertenezco a una generación que se acunó en los sueños, en un montón de semillas que tienen que ver con la curiosidad, con la fantasía, con la necesidad de cambio. Desde los veinte a los treinta yo viví afuera, y viajé mucho. Entonces, pude conocer muchas cosas de otros lugares, y tocar con músicos jamaiquinos, brasileros, franceses, españoles, como también estudiar en escuelas de música extranjeras.

De chico estudié arquitectura, y he visto mucha pintura… en realidad, el espectro es bastante amplio. Cuando te digo que estudié arquitectura, no es que era un buen estudiante, pero me pasé años fascinado por arquitecturas y por arquitectos.

Y si tuviera que nombrar a artistas, entre los pintores te podría nombrar a Bacon, a Picasso; y entre los músicos a Bola de Nieve, Caetano, los Beatles. También creo en las segundas filas de artistas, aquellos que no han accedido a ser íconos. Me parece que hoy por hoy hay que prestarle atención a Balbina Ramos, una bagualera de Salta, a Sixto Palavecino… Creo que de esa segunda fila surgen las mejores cosas. En nuestra sociedad de consumo, las primeras figuras encandilan de tal manera que parece que toda una segunda fila no existe. A mi me ha impactado mucho ver a Miles Davis en vivo, pero asimismo también me impactó estar en un bar de Paraguay viendo tocar a un arpista.

¿Sos de escuchar a otros saxofonistas?
No soy de esos tipos que está comprando la última cosa. En general, como ocupo mucho de mi tiempo haciendo música, no es que termino de tocar y pongo música. Prefiero estar un poco en silencio. Cuando escucho, lo hago como un oyente más, para disfrutar o bailar. Aunque desde ya, uno como músico tiene una especie de láser; sin embargo, trato de correrme de ese lugar y que la música entre por otro lado.

Imagino que uno sabe que en esta clase de laburos, se pone mucho más de lo que se puede recibir como recompensa material…
Eso es así. Pero ya siento una recompensa cuando lo estoy haciendo. Yo ya tengo mi premio.


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