«La suerte de Los Estrellados»

Celebratorio y onírico, recorriendo Almagro y San Telmo, pasando por Los Balcanes y las arenas circenses, apareció el debut del ex-saxofonista de los Redonditos de Ricota.

Autor: Revista La Mano, anuario, diciembre de 2004

Cuando Sergio Dawi se subió al tren de los Redondos, su romance con la música había empezado hacía ya un buen rato, con la movida vanguardista del centro Parakultural. Allí actuó junto a Damián Nisenson en 2saxos2,espectáculo que los llevó a compartir cartel con Gambas al Ajillo, Melli, Tortonese-Urdapilleta y demás figuras del under. En aquel clima de euforia creativa, conoció a Poli y Skay, y poco después -al alejarse Willy Crook- el puesto de saxofonista fue suyo.

La sociedad con Nisenson continuó con puestas como Kachivachetur,multimedia con proyecciones, coreografías, pinturas de Semilla Bucciarelli e invitados. Mientras tanto, en Sergio iba madurando la idea de un disco propio. Estrellados empezó a tomar forma concreta con el estudio que montó en su casa de Almagro. «En la terraza tengo un almacén de sonidos, con música que hice para cortometrajes, obras teatrales y de danza. Cuando necesito sonorizar imágenes, recurro ahí. En el 2002, en medio del cataclismo, entré en una etapa reflexiva y eso llevó a que las melodías comenzaran a familiarizarse con las palabras. Hice demos, una canción llevó a la otra y así nació todo».

Si los álbums están impregnados del ambiente en que se crearon, éste es un disco de «casa chorizo» antes que de monoblock. «Tuvo una gestación orgánica. Nos tomamos el tiempo que cada tema pedía, y eso enri­queció a los demos. Lo orgánico se ve también en el arte, porque es un ob­jeto dentro de una caja, donde también tenes un rompecabezas». En la ambigüedad de la palabra «estrellados» hallamos una clave de la extraña fascinación que ejerce este álbum: por un lado está el significado de choque y destrucción de planes y proyectos. Por el otro, es sinónimo de entrega y fundirse en una pasión imparable. «Habla de estrellados que reinciden; de personajes que en un momento dado se iluminan, se ilusionan y se estrellan en el buen sentido de la palabra. Desarrollan todo eso que han soñado y vuelven a estrellarse, esta vez con la realidad», explica.

El collage de imágenes que pintan las letras tiene su correspondencia en la música, donde abrió la puerta a todos los estímulos: «Algo que admiro de los brasileros es que pueden alimentarse de la música africana, americana y portuguesa, pero siempre terminan pariendo música brasilera. En perspectiva, las cosas que hago funcionan así: me he alimentado de muchas músicas y saqué de mis entrañas lo que me ha salido. Estrellados es una sumatoria. Aunque en el disco uno no escucha 2 saxos 2, los Redondos ni las melodías que cantaba mi madre cuando era chico, en algún lugar de la atmósfera se encuentran. Están en el espíritu.»

REDONDITOS REMEMBERED
Pregunta inevitable: ¿cómo ve hoy a su etapa en los Redondos?
Me siento un privilegiado de haber participado de ese fenómeno, un refugio de muchísima gente que no encontraba dónde apoyarse, tener una fiesta pagana ni preguntarse cosas. Me sentí parte de una química donde participaron compositores, m úsicos, técnicos y público. Todos fueron indispensables en crear ese momento histórico y en la fuerza que tuvo. Me alegra muchísimo, también, seguir sintiendo el cariño que perdura, porque voy a recitales y todaía la gente tiene la camiseta de los Redondos, y me encuentro con abrazos diarios de personas que no conozco y para la que fuimos el soundtrack de una parte muy importante de sus vidas. Me parece que es algo bueno y que hay que cuidar. Creo que el monstruo todavía está vivo…


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