Semilla: el tercer hombre

Además de ser el bajista de Patricio Rey, Semilla Bucciarelli pinta. Y pinta muy bien. De hecho, según nuestra sencilla opinión en la materia, su obra no tiene nada que envidiarle a muchas de las cosas que se ven en el circuito artístico. No es casual entonces que algunos de sus cuadros están en el arte de tapa de Lobo suelto/Cordero atado. Pero no solo de pintura se trata esta nota. Estamos hablando, quizás, del primer retrato integral de un tipo que tiene muchas cosas para decir, y también, para pintar.

Autor: Revista La García número 24, diciembre de 1999

De los músicos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que forman la banda hoy, los únicos que participaron en todos sus discos fueron tres: El Indio, Skay y Semilla. Pese a que no son muchas las entrevistas que dieron, y teniendo en cuenta que son una banda veinteañera, con las declaraciones de «la voz» y «la guitarra» podríamos hacer una enciclopedia. Es que a las notas que dan Los Redondos suelen ir sólo ellos, casi siempre con la compañía de la Negra Poli.
Algunos datos se saben de Bucciarelli: que toca el bajo (y…sí), y que también se dedica a la pintura. ¿Conocen algún cuadro suyo? ¿Saben cómo fue su llegada a la banda más grande del país? ¿Tienen idea de por qué le dicen «Semilla»? ¿Se preguntaron alguna vez cuál es la razón para que nunca se le haya hecho un reportaje? Bueno, nosotros nos lo preguntamos, y allá fuimos.

Semilla vive en pleno barrio de La Paternal, en la calle Terrero, muy cerca de la cancha de Argentinos Juniors. Su casa está buenisima. Es el típico PH: pasillo al fondo, entrada al patio, varios ambientes, terraza, y un taller repleto de cuadros a medio hacer. Al toque notamos que los colores nos rodeaban, que las caras de los cuadros de Semilla (esos cargados de prominentes dentaduras y ojos) apuntaban hacia nosotros.

Volviendo a lo del taller, el tipo se fabricó uno de dos plantas, con materiales por todos lados, y nos sorprendió encontrarlo repleto de páginas de periódicos pintarrajeadas. De eso se trata su actual proyecto plástico: arte efímero. ¿Qué es el arte efímero? Dicen los que saben que es aquel que está hecho con materiales no duraderos. Simple. En este caso, lo que vimos fueron unas hojas de diario que fueron colgadas con recortes de noticias y pinturas. Su idea es pegarlas en algún punto de la ciudad (o de dónde esté), y dejarlas ahí, solas, a la marchanta de los que pasan. Ése, fue uno de los temas de la tarde.

La idea era hablar más que nada de su vida como artista plástico, pero no pudimos dejar de preguntarle por su faceta musical. Semilla habló también de eso, lo que a él mismo lo sorprendió. Es que antes nos había advertido que no le gusta hablar demasiado. Y esas son las caras de Semilla que nosotros empezamos conociendo. Fue raro, porque el hombre no es uno del montón. Es el que regala los graves en la banda de sonido de una cantidad infinita de personajes, y no es poco.
La cuestión es que, mate va, mate viene, nos pasamos toda una tarde en su casa, en la casa de Semilla, en la casa del Tercer Hombre, en la casa del bajista de Los Redondos. Y esto es solo lo que grabamos…

¿Cómo arrancaste? ¿Cuándo empieza tu carrera- si es que hay una carrera- como artista plástico?
En realidad no hay una carrera, porque expuse una sola vez. Empecé dibujando, primero, y hará 20 años que empecé a pintar. De chico dibujaba pero no pintaba. Después me empecé a matar con la pintura, a probar. Me gusta mucho probar, experimentar.

¿Y ya tocabas?
Yo empecé a tocar cuando tenía… ponele 12 años. Y ya dibujaba.

¿Y estudiabas?
No, nunca estudié ni música ni pintura. Iba a entrar a Bellas Artes, pero por suerte no entré. Conocí a varios tipos que fueron a Bellas Artes, y ahí la imaginación se la cortan. Dibujan bárbaro, conocen todas las técnicas, pero de imaginación cero. Hablo de los que yo conocí, no quiere decir que todos sean así.

¿Con la música eso es diferente?
No, yo creo que no. Hay de todo. Hay tipos que van a estudiar y no pueden tocar si no les ponés una partitura. Eso pasa con los músicos plásticos. Y son muy cerrados. Por ahí un tipo que está en Bellas Artes ve mis cuadros y dice: «No, porque este color no va con éste, no podés poner óleo arriba del acrílico…». Yo no quiero que mis cuadros duren cien años, nadie va a durar cien años.

¿Te acordás del primer cuadro?
Cuando pinto, no empiezo un cuadro y lo termino. Lo voy pintando en el tiempo. O sea, lo termino cuando se lo llevan, o cuando lo regalo. Si no, lo sigo pintando y retocando. Voy pintando y tapando, hasta que queda todo negro (risas). Los voy cambiando continuamente. No se cuál será el primer cuadro.

Se ven muchas dentaduras en tus pinturas…
Sí, en el Sur me volvieron loco hablándome de las dentaduras y de los ojos. Y me pareció raro. Después me puse a pensar. Y claro, los tipos ven los ojos, pero en realidad no llegan a ver la cara. Es que es un caos. Todos me decían «¿por qué tantos ojos?». Y los ojos pertenecen a una cara. Y es una cara, y en medio del caos mucha gente no llegaba a distinguirla. Son cuadros que tenés que mirarlos mucho tiempo. Y la gente no descubría todas las formas.

¿Y de chico te colgabas yendo a ver exposiciones?
No, de chico no. Cuando fui más grande empecé a ir a exposiciones. Yo no estudié, pero fue en las exposiciones donde realmente aprendí. Viendo otros cuadros, libros… De ahí me alimento.

¿Tenés referentes?
Me copa muchísimo un pintor inglés: Francis Bacon. Ése me copa. Es una pintura muy fuerte, muy densa. Me parece buenísimo. Después hay muchos pintores que me gustan.

Elegís colores vivos para pintar…
Sí, laburo con los colores primarios, y con los que tengo al lado. Si estoy pintando, y el rojo lo tengo abajo y no tengo ganas de bajar, entonces el cuadro hasta que baje y suba, prescinde del rojo… (risas)

Cero esquema, ¿no?
Sí, para nada. No podría laburar con ningún tipo de disciplina.

Al fin y al cabo, si el resultado queda bien, no hay formalismo que valga…
Por supuesto. Si me gusta: adelante. No me interesa cuánto dura el cuadro. Igual son cosas que no se van a hacer mierda, porque uso buenas pinturas. Salvo por los cartones: muchas veces empiezo a hacer pruebas en los cartones y termino haciendo un cuadro.

¿La idea no es hacer obras para que queden?
Estoy haciendo un laburo con diarios, así que lo mío es efímero. Aparte no creo que se destruyan tan rápido. Un «clásico» te habla de cuadros que tienen doscientos o trescientos años. Pero para ver a La Gioconda me contaron que tenés que poner una moneda, y la ves dos segundos… Como si fuera un pornoshop.

¿A los cuadros los tenés en la cabeza? ¿Los pensás?
Nunca. Se van haciendo. Marco la tela para no ponerme nervioso, o la pinto toda de negro, y empiezo a delirar. Hago una marca y pongo colores, y tapo, y pongo…

En algún sentido es parecido a componer una canción…
De alguna manera sí, por las capas. El Indio un poco compone así, como una pintura. Con la pintura me siento conforme con lo que hago. En cambio con la música me pego unos palazos bárbaros.

¿Cómo es eso que te das palazos con la música?
Sí, estoy re inseguro. Re inseguro. Probablemente no tengo claro qué es lo que quiero tocar. Ahora me puse a tocar un poco el acordeón, y por ahí me dan ganas de tocar boleros y digo «estoy loco». Pero bueno, todavía no tengo claro lo que quiero tocar.

Estás inseguro en cuanto a tu faceta personal, no en cuánto a Los Redondos…
No, por supuesto. El tema es hacerme cargo de lo mío. Ya saldrá. De a poco. Yo tardo, pero en algún momento lo hago.

Es como que a ustedes se les hace necesario tener proyectos propios. Sergio con 2saxos2, Walter con La Favorita…
Yo creo que sí. Yo necesito expresarme. Y si no tocás… éste es un trabajo de Skay y El Indio. Yo toco el bajo.

Iguál tenés algunos temas compuestos con ellos…
Sí, dos temas (Mi perro dinamita y Ella debe estar tan linda). Pero tampoco fue que los hice y se los mostré. Salieron de una zapada, y a ellos les gustaron… Y bueno. Pero no es que hice un demo y se los mostré. Fue de buena onda.

Hay una imagen, sin embargo, de que el tipo que toca en Los Redondos es un tipo segurísimo…
Lo que pasa es que yo no dimensiono lo que es Los Redondos. Los conozco desde hace mil años, y es como otra película. No la puedo entender. Es muy raro todo.

Es loco: también en la pintura vas por un camino alternativo…
Me parecen buenos lugares para mostrar cosas. Es interesante, estoy tratando de hacer muestras en lugares que no sean galerías. Si pinta, pinta. Me cuesta mucho, también, ir a una galería, porque tenés que pasar por todo el tema de la carpeta, las fotos. Prefiero otras cosas, me parece más rico. Hice un video para los shows de Huracán…

¿Y eso cómo lo laburaste?
Yo tenía una camarita que hacía cuadros de medio segundo. Y laburé con muñequitos de plastilina, cartón… laburé con nada. Era una cámara que daba cuadros de medio segundo, y después no pude conseguir mas. Con eso laburé bastante. Tengo una islita de video, y ahora con la computadora voy a ver si en algún momento compro una tarjeta digitalizadora y empezamos a laburar con video, que me gusta mucho. Eso con el tiempo, porque es mucho, y lleva otro laburo.

¿Sos muy autocrítico?
Sí, me pego unos palos bárbaros. Expuse porque me invitó un amigo, y me pareció bárbaro empezar de abajo. En la música empecé de plomo, y en la pintura empecé en Puerto Madryn. Y de última, si no les gusta, me cagan a piedrazos allá que no me ve nadie (risas)

Habrás laburado de otras cosas…
Hice de todo. Fui plomo de Charly y de Spinetta. Empecé laburando con Crucis, como plomo… y eso delata mi edad. Y con Milrud. Empecé con Crucis, y cómo laburábamos con Milrud, hacíamos Tango a bordo, con la Orquesta de la Armada. Imaginame a mí, con los pelos por acá… De terror. Tendría 17, 18 años.

¿Y cómo fue el acercamiento con Crucis? ¿Cómo los conociste?
Por un amigo del colegio, que conocía a Gustavo (Montesano) y a Pino (Marrone). Necesitaban alguien para laburar, y a mí me venía bárbaro porque laburaba los fines de semana.

Y estabas haciendo algo ligado a la música…
Sí, pero hice de todo, porque también vendí panchos. No, panchos no, salchichas (risas). Pero no pude vender una, porque vendiendo soy un desastre (risas). Iba a los colegios y vendía, o trataba de vender, porque la verdad es que no vendí nunca nada. No era panchero, vendía paquetes de salchichas. Laburaba para un distribuidor…

¿Pero no vendiste ni un paquete de salchichas…? (risas)
Pasa que cuando me decían que no de entrada, me iba. No tengo labia. También fui pintor de brocha gorda. Laburitos que iban saliendo. De oficina y ese tipo de cosas, nunca. Laburé mucho de plomo. Cuando laburé con Milrud en sonido era un trabajo. Sacaba una guita.

Todavia no estabas en Los Redondos…
No, yo empecé tocando con el Negro Vargas. Empecé tocando con amigos del colegio. La banda se llamaba Dorados Días de Rocanrol. Y después el Negro Vargas, que es un flaco más grande y todavía sigue tocando, me dio la oportunidad. Toca muy bien, es uno de los músicos capos que no se conocen. Y después empecé con Ricardo Soulé. Fue, justamente, el disco que había grabado Skay, con Pensa y Soulé, un trío. En los años setenta. De ahí viene la relación con los chicos. Y tocábamos con el Negro Vargas en una banda que se llamaba Corina, como el tema de Taj Mahal.

¿Se consigue el disco de Soulé con Skay?
Sí, puede ser.

Una rareza…
Sí, porque es una tapa con ellos en una panaderpia. Es muy loca. Después toqué con Pensa en Corina, con Vargas, Billy Cadera, que era el cantante, y con Gorosito. Después con Pensa empezamos a tocar en trío con Soulé. Más adelante entré a tocar Alberto García, el violero de los Memphis, que los conozco de hace mil años, del colegio. Y con él tenemos ganas de hacer algo. Por ahí lo hacemos… Y cuando se volvieron a formar Los Redondos, porque hasta ese momento no estaban tocando mucho, era todo muy anárquico, y Skay necesitaba músicos que vivieran acá, estaba buscando gente. Pensa me avisó, y bueno…

¿Eso en qué año fue?
En el 82.

Cuando grabaron el primer demo…
El demo ése yo no lo grabé. En ese demo eran todos de La Plata. Yo ni los conocía a Los Redondos. Sabía que se copaban todos con ellos, pero yo ni los había escuchado.

¿A Rocambole lo conocías de antes, o lo conociste a través de Los Redondos?
Lo conocí por los chicos.

Hasta Lobo suelto/Cordero atado nunca habías participado del arte de las tapas…
No, porque digamos que ellos ya tenían su dibujante, así que no hacía falta. Yo ponía mi atención en la música. Porque te lleva un tiempo. Es más, veo ahora el disco en el que están mis dibujos y no me copa. Los chicos me los robaron, me los sacaron… porque yo la hacía larga, larga. Me cuesta mucho dibujar con un tema.

¿Ahí dibujaste con un tema?
Más o menos, hice lo que pude. Y un día vinieron los chicos acá y se llevaron los dibujos, porque sino, nunca más. Me arrebataron las cosas. Yo soy crítico, me hubiera gustado hacer otra cosa. Pero bueno, estuvo bien.

También inventaste una tipografía para el disco, ¿cómo es eso? ¿No está más ligado al diseño gráfico?
La verdad que se me ocurrió… Bueno, yo escribo así. Ahora tuve que normalizarme un cacho porque la gente no entendía un carajo, pero la «r» la sigo haciendo al revés. Tengo algunos problemas cuando voy a hacer algún trámite. .. Y los chicos me dijeron «hacete todas las letras». Pero no salió como yo lo había hecho, porque no se entendía nada. Yo lo entendía bárbaro, pero bueno…

¿Escribías siempre así?
Sí, empecé a escribir al revés. Me parece bárbaro, yo todavía lo hago. Es más, me parece que si escribo bien, a la palabra la veo rara.

¿Tuviste algún maestro?
No. Todos los artistas son mis maestros. Aprendí de ellos por los libros, o viendo cuadros. Pero no tengo disciplina para nada, ni para ir a algún lado.

¿Tampoco algo informal? Con Rocambole, por ejemplo…
No, tampoco.

¿Y te gusta lo que hace Rocambole?
Sí. Es otra historia, pero me gusta.

¿Cómo fue exponer y ver a los tipos observando tu obra?
En el Sur estuvo muy lindo porque estuve hablando con los pibes, y me decían lo que veían, tomo el tema de los ojos. Y me pareció bárbaro ver que les gustaba. Es la primera exposición que hice, así que imaginate… No me pone nervioso ver a la gente mirando mi obra, al contrario, me pone bien.

Sin embargo, tardaste en hacer una muestra…
Una vez, en un homenaje a Los Beatles en el San Martín, mostré un cuadro, que no lo tengo más. Después colgué los cuadros en la sala de ensayo, al lado, y no se veía un sorete porque no había luz, no había nada. Había un montón de cuadros que no se veían nada. Y ésta fue mi primera exposición solo, y fue durísima.

¿Tenés algún proyecto para exponer dentro de poco?
Sí, quiero mostrar. Pero no dentro de poco, porque tenés que moverte con la carpeta, y eso me rompe las pelotas. Fui a ver una galería chiquita que pusieron por Palermo, a la vuelta de Serrano, y me parece piola. Es un lindo lugar, puede haber un movimiento de gente. También fui al Centro Cultural Recoleta, les mostré toda la carpeta, y me dijeron «traé lo último que hiciste». Y yo, si hago una exposición, no voy a mostrar la carpeta. Quiero mostrar los acolchados. Pero no tengo fotos, y aparte, si tengo que hacer una muestra, la prepararía. Y no tengo fotos de cosas que no hice. Pero puedo tener mucho material.

¿Pero sobre un concepto?
No, el tema nunca. Pero me haría seis acolchados, dos óleos… Trabajaría sobre materiales.

Por lo que vemos de tu casa, pintás por todos lados…
Si te quedás mucho te pinto a vos también… (risas). Me gustaría hacer un mural, hasta con los diarios… Bueno, allá en el Sur, la gente de La Casa de La Cultura me había preparado un ambiente, me lo había pintado todo de blanco, para pintar un mural. Pero no tenía tiempo, porque estuve una semana.

¿Cuánto duró la exposición?
Una semana. Yo estuve el primer día, que estuvo un toco de gente. Había muchos pibes, pero también gente grande que se copó. Una vieja me quiso comprar un cuadro, por ejemplo. Es la gente que tiene plata.

¿Sale caro un cuadro de Semilla?
No sé. Salen alrededor de ochocientos mangos. A mí me cuesta mucho ponerles un precio. Ochocientos mangos me parece un toco de guita…

Sí pero hay Van Goghs que salen como sesenta palos…
A mí vender un cuadro me viene bárbaro, porque los materiales son caros.

¿Compraste alguna vez un cuadro?
Nunca. Tampoco tengo colgado ningún cuadro de otro artista.
¿Cómo ves el hecho de que se hayan acercado pibes que jamás se acercarían a una galería de arte o a ver un espectáculo como 2saxos2?
Creo que es una puerta que se abrió. Yo no la quería utilizar, pero bueno: soy lo que soy, toco donde toco…

¿Por qué no la querías utilizar?
Es como que uno se aprovechara de eso…

Pero vos sos parte…
Claro. Pero es un poco locura de uno. Y esto de los diarios me parece bárbaro. La idea es que si puedo conseguir un lugar cercano para ponerlos todos juntos, avisaría que están puestos. «Entre tal calle y tal calle están pegados los diarios».

No te olvides de avisar…
Si se copan, desde ya. Si conocen un buen lugar… La historia es que está en la calle. Están pegados, y es difícil que se los lleven, porque quedan pegados.

Por lo que contás, la idea es que tengan la vida útil que puede tener un diario en la pared.
Sí, y por lo que veo, duran bastante. Así que buscando lugares que no están muy a mano de salvajes…

¿Viste algo de arte efímero en algún lado y flasheaste con eso?
No, para nada. A mí se me ocurrió por la historia, el quilombo que es hacer una muestra en una galería. Me parece bárbaro que lo vea la gente que no va a las galerías.

Es como el teatro callejero, por ejemplo…
Claro, que lo vea la gente que no va a una muestra.
Hablábamos con Rocambole, que eso pasa con las remeras…
Lo de las remeras me parece bárbaro. Yo pinto remeras. En un momento pintaba remeras con aerógrafo para ganar unos mangos. Pero era otra historia, para vender. No podía hacer cualquier cosa, porque no te la compraba nadie. Pero lo de las remeras de Rocambole, me parece bárbaro.

Y el hecho de que estén ahí, de que todo el mundo vea tu laburo en la calle…
Yo me pongo en el lugar del tipo que va caminando, con todos sus rollos, y de pronto ve una cosa rara, que no es una publicidad. Creo que eso, en algún lado, te pega. Y cuando te pega, puede pasar algo muy raro, porque se pueden llegar a juntar bastantes pibes.

La onda es pegarlo y avisar…
Claro, y ver qué pasa con la gente.

¿Ya pegaste algo?
Tuve una experiencia con fotocopia color, que no pegaba bien. Un día salí con mi mujer, por Palermo, y mientras estaba pegando, había una vieja barriendo enfrente, que no entendía un carajo, porque no era una publicidad. Había hecho una ampliación de un cuadro mío. Y la vieja se quedó mirando… nosotros nos fuimos, dimos una vuelta, y cuando volvimos estaba mirando. Y era una mina que estaba limpiando la vereda. Andá a saber qué le habrá pasado por la cabeza. Eso es interesante.

¿Por qué la elección del papel de diario, en vez de pintar directamente en la pared?
Primero, por el tiempo. Tenés que tener un lugar. Y no se si me podría concentrar en la calle. Puede pasar eso: que te vean y se arme un quilombo, y ya no estar con la cabeza puesta en pintar. Esto me parece mejor: lo pinto acá, voy, lo pego, y me las tomo. Me parece más interesante.

ERMITAÑO

¿Por qué no vas mucho a recitales?
¡Qué se yo! Me embola. Tendría que salir un poco más. Pero llega un momento en el que sentís que te están mirando. La gente te viene a saludar, y en un punto se vuelve molesto. Yo prefiero estar acá, pintando. No me banco ver un show entero.

¿Te gusta el cine? ¿Te enganchas viendo cine?
Sí, pero no salgo mucho. Por ahí me lleva mi mujer… (risas)

La veta artística está clara, ¿cómo es tu vida cotidiana?
Limpio, barro… (risas)

¿Jugás al fútbol?
¿Me ves a mí jugando al fútbol? No, no puedo correr.

¿De qué cuadro sos?
Podría decirte que de Boca, pero en realidad no me interesa un carajo el fútbol.

QUÉ ESTÁ ESCUCHANDO AHORA

Estoy escuchando un disco de Mellencamp. Me gusta mucho Taj Mahal, que lo vi en el Gran Rex cuando estuvo con Albert King, terrible la mala onda del viejo. Pero Taj Mahal subió a tocar sólo, fue buenísimo. Me gusta mucho Ry Cooder.

En el contestador tenés al Buena Vista Social Club…
Sí. A esos tipos los había visto hacía un montón, pero cuando salió toda la onda de la Trova Cubana, Pablo Milanés y eso, desaparecieron. Me pareció impresionante la onda de los tipos. Y Ry Cooder es sensacional por las cosas que descubre. Me gusta como productor.

Y tiene que ver con lo que hablábamos: romper las fronteras, ir más allá del rock…
Sí. Me gustaría mucho escuchar un disco de Ry Cooder con Taj Mahal. Debe ser muy interesante.

Decías que te daban ganas de tocar boleros. ¿Eso te pegó por el lado del Buena Vista?
Sí, pero no. Porque siempre me gustó el bolero. Escuché eso y me encantó.

¿Tango?
Me gusta el tango con guitarras, Rivero, bien lunfa.

¿Te gustó el disco de Melingo?
Me dijeron que está muy en la onda Rivero, pero no lo escuché. Escuché un tema por televisión, y me gustaría ir a verlo. Me hablaron muy bien, pero para ir a verlo tengo que salir. Voy a ver si… (risas)

¿Nunca tocaste con otras bandas de invitado?
No me invitó nadie.

EL INDIO SOBRE SEMILLA

Esto decía el Indio Solari sobre Semilla en mayo de 1988, en un reportaje que realizó Gloria Guerrero y que fue publicado en la revista Humor. Ese reportaje también está incluido en el excelente libro de Gloria La Historia del Palo

«Frente a todos los músicos que se han ido, hay casos como el de Semilla, que es un rocker. No quiere decir que Semilla esté involucrado hasta tal punto, sino que es un rocker; lo que tiene claro es la materialidad de un rock, que puede ser testigo de su vida. Eso lo separa de todos aquellos que pasaron y que cuando llegó el momento presionaron y dijeron esto o lo otro: los Gorosito, los Tito Fargo, los Piojo… toda esa gente hermosa que en un momento creyó en una historia que va más allá de su temple personal. Semilla, creo que es el redondito más… redondo.

No se si soy injusto con nosotros, pero creo que él es más que nosotros. Nosotros tenemos todavía un juego en el que estar, Semilla se entrega a una historieta que está más allá de eso. No sabe qué hace La Negra, no sabe que digo yo en un reportaje, ni qué se traslada, pero tiene que ver con su vida y su pretensión. Bueno, eso es un rocker. Yo se que soy el charlatán, el cascarrabias de la banda, pero cuando Semilla habla es al único que escucho.»

DE BANDAS Y BAJISTAS

Te gusta alguna banda argentina?
No escucho mucho, pero me gustan Divididos, Los Piojos…

¿Y bajistas?
Bueno, Diego Arnedo. Diego es un capo total. Toca fenómeno. También está Malosetti, pero es otra historia… Lo prefiero a Diego. Los respeto a todos, me parecen bárbaros, pero me gusta Arnedo.

OTRO MUSICO PINTOR

Ron Wood también es pintor…
Sí, pero no me gusta para nada. No lo fui a ver, pero vi las tapas de los discos y no me gustó. No me copa mucho esa historia de pintar rostros o paisajes, para eso veo las caras o salgo y veo un paisaje. Prefiero otro mambo, que me sorprenda un poco, algo nuevo para mí…

¿Te identificás con algún estilo pictórico?
Con el surrealismo, algo. Mucho con el pop, también. Pero no se qué tipo de estilo es el mío, porque tiene mucho de historieta, también.

¿Nunca hiciste historietas?
Cuando era chiquito hacíamos para vender, con un pibe, el hijo de Lola Pesa, que es una muy buena, dibujábamos historietas para hacer un mango.

SUS PROYECCIONES EN 2SAXOS2

¿Cómo fue el acercamiento a 2saxos2?
Sergio se copó con mis cosas, y me pidió si podía colaborar. Y como yo había hecho el video, dijimos: «¿Qué tenemos?». Y él consiguió películas de 16 mm usadas; me las trajo acá, y acá hice un laburo bárbaro, porque no tenía nada, laburaba con una lupa. Y nada, los rayé un poco, porque no tenía mucho más para hacer. Y bueno, salió eso. Ahora me dijo si quería hacer otro. Porque están medio hechas mierda. Ahora no tengo tiempo, porque lleva un laburo.

¿Habías visto el espectáculo de ellos para hacerlo?
Sí, conocía la idea. No podía laburar con ritmos, y todo eso, porque laburamos con nada. La idea no era, tampoco laburar con los ritmos. Era como un fondo, laburar con colores.

Un laburo casi por encargo…
Sí, pero con total libertad.

EL SOBRENOMBRE Y LOS REDONDOS

¿Siempre firmás Semilla?
Sí.

¿Por qué Semilla?
Me lo puso Milrud, creo que porque era el más chico de esa barra.

¿Tu relación con Los Redondos es puramente profesional, tipo sesionista, o hay una amistad?
No, es una relación de amigos, de más de veinte años.

¿Pero cuando te llamaron para tocar fue un llamado profesional?
No, profesional, no. Porque profesional no fui, ni será nunca. En ese momento habían dejado de tocar un tiempo, y si bien todavía hacían teatro, se vinieron a la Capital y por la relación con Pensa empecé a laburar.

¿Y se ven, aparte de juntarse para tocar?
Sí. No nos vemos todo el tiempo, porque cada uno hace su historia. Pero nos encontramos, vamos a comer, al cine…

Quizás al que más se ve es a Skay…
Sí, y a Walter y a Sergio también… Yo soy el que menos sale. Y el Indio, que lo tenés que ir a ver allá, porque no sale nunca.

¿Cuándo no era tan famoso salía o era un tipo más bien recluído?
Salía. Ahora no puede ir ni al cine.

¿Salió disfrazado alguna vez?
Creo que sí, pero tendría que ponerse algo más grosso. Un vestido… (risas). Una vez habíamos pensado, cuando salíamos afuera, llevar barbas a los shows, para meternos en las carpas, entre la gente. Al final, nunca lo hicimos. Tendríamos que conseguir algún auspicio de Pozzi (risas). En algún momento vamos a hacerlo. Me parece bárbaro meterte ahí. De última, me afeito los bigotes y me los pego para tocar… (risas)

¿Y cuándo tocan ven por la tele las cosas que están pasando?
Sí.


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