El rock no ganó la pulseada

El Diario Clarín pudo entrevistar al Indio Solari. Como siempre, el músico aportó definiciones que trascienden nuestros tiempos.

Autor: Diario Clarín, 27 de agosto de 1999

¿Tiene sentido revisar la historia del rock?
-No está mal hacer un poco de historia, para prevenirnos del futuro.
-¿De qué hay que prevenirse?
Como la vida está hoy muy teñida de cosas de la cultura rock, puede parecer que se ganó la pulseada. Pero no es así. Cuando te transformás en un monstruo para pelear contra un monstruo, terminás siendo un monstruo de iguales características. De ahí viene la violencia, de la época del cambio de la cultura de la lisergia a la cultura de la merca. Cuando los que empiezan a defraudarte ya no son los administradores o los burócratas sino tus propias estrellas. Si vos estás dentro de un gran sello, que es parte un trust que fabrica armamento y cotiza en Wall Street… Es ahí que comienza a percibirse la fractura del ensueño del rock.
¿Hay ideología en la cultura rock?
El planteo básico era el del no reconocimiento de las estructuras políticas, de la gerontocracia en el poder y de las ideologías cristalizadas. Para la cultura rock las ideologías son como supersticiones sociológicas, prejuicios que la sociedad comparte un tiempo y que inexorablemente dejan de existir. No estaba en contra del dinero, tampoco; está en contra de la injusticia, de que no haya torta para todos. Al ser una cultura que se hizo fuerte en la clase media, está vinculada a placeres burgueses. Yo soy eminentemente burgués, me gusta el buen vino, el buen whisky, la buena ropa, el bronce, el ébano. No estoy en contra de las cosas bellas ni del dinero. Lo que no me gusta que haya para unos pocos y para otros no haya.

-¿Cuál fue la raíz original del fenómeno del rock?
La música viene de unos pobretes sureños y de los negros del gueto. Pero la cultura rock es un producto de la clase media y de la bohemia. Siempre hubo grupos activistas, de jóvenes que proponen modificaciones religiosas, sociales, culturales que van, a su vez, generando emulación. Había que viajar, o esperar que un amigo o alguien de tu círculo trajese los objetos de poder que te daban acceso a manejarte dentro de la manteca misma y no estar simplemente comprando los discos. En aquellos años un joven de clase media, si tenía dos dedos de frente, sabía que al puto suelo de la miseria no iba a ir nunca. Dejar cosas para hacer una experiencia y vivir desnudos en algún lado no era una cosa tan peligrosa y valía la pena en un momento tan heroico como es la adolescencia, la juventud. Además los que andaban metidos en la mano estaban informados, sabían de qué estaban hablando y por qué mierda hacían muchas de las cosas que hacían, por qué abandonaban su casa y se iban a vivir a una comunidad. No era que iban simplemente como un rebaño, por una moda. Después las cosas fueron cambiando.

¿Qué es eso de la bohemia?

Los músicos de rock siempre fueron freaks que hacían música. No encontrabas mucha gente del conservatorio haciendo esto. Lo que cuenta es el vínculo que se da entre esta clase de músicos, la noche, el pensamiento de los bohemios, los poetas malditos, los escritores y cualquier cosa que pinte en el tacho de basura… Espíritus inquietos. Gente que entendió la hipocresía del sistema, y que para oponérsele se servía de las informaciones que habían sido desechadas u ocultadas por el sistema. Desconfiaba de la educación, por ejemplo, porque tiene más la intención de socializar a la gente que de formarla: darle ritmos de levantarse, de ir tantas horas a trabajar, volver, ordenarle la vida para que el progreso sea posible. Desconfiaba de la TV, también. Nos dicen que estamos más vinculados con todo, cuando en realidad no estás vinculado ni con lo que estás comiendo ni con quién comés… ¡porque estás mirando la televisión! Antes la mesa era un lugar de conversación, contarse las experiencias. Ahora prenden la teta y están comunicados con un perro de seis gambas. El sistema prometía un ensueño de objetos y un confort sin colapso posible. Los jóvenes de hoy, que han sido formados básicamente por la TV, tienen cierta debilidad por las promesas del sistema. Pero como son sólo promesas, la usina del displacer termina explotándoles en las manos. – El rock vive reciclando informaciones o estímulos propios de otras fuentes. – Es una homogeneidad que sobrevive a fuerza de tragarse diversidad. Si un tipo tocaba la cítara, vos tenías el bombo legüero. El asunto era generar un sonido que provocara una novedad. Hoy vas a Nueva York y el rock blanco son diez grupos que suenan más o menos igual y el rap o el hip hop suenan como un lavarropas con un montón de negros adentro diciendo puteadas. El mismo tecno imita al tecno de los 70. Hoy se toca mejor, todo suena mejor, pero la estética ya no es potente porque no es creíble. Es una estética de revivals, de mixes. Me gusta el símbolo del loop. El loop es la voluntad de eternizarse de una frase musical: es la misma ejecución, tomás una muestra y la repetís a lo largo del tema. Eso es la representación de lo que pasa hoy, la voluntad de eternizarse en una cultura que probablemente ya no está capacitada para seguir fagocitando las cosas que pasan. Es como una olla a presión, esta cultura. Quisieron vendernos el ensueño órfico de la tecnología que soluciona todos nuestros problemas mientras tapaban un montón de cosas, informaciones, ideas, pensadores… Ni hablar de los países como éste donde los cineastas prohibidos eran Bergman, Fellini… No eran unos zarpados que hacían porno: ¡eran los mejores del mundo!

¿Cuál fue, a tu criterio, la clave de la popularidad del rock como cultura?

Surgió en un momento en que la cultura del imperio estaba detonándose, en abierto enfrentamiento con otro imperio. Mientras los bandos en conflicto estaban entretenidos en esa pugna, se fueron incluyendo paradojas en el medio, que con el tiempo se volvieron importantes y generaron el cambio.

Pero la paradoja del rock fue asimilada.

Lo nuestro es crear nuevas paradojas e incluirlas donde no las hay. Debería haber una mirada que nos ayudase a saltar por encima de los decorados del rock, como decía un viejo slogan. Para que se pueda creer otra vez.
_ ¿Tiene sentido ser hoy parte de esta cultura?

A mí lo único que me paga el culo, lo único que me justifica, es el placer de juntarme con un amigo de la vida y hacer diez canciones nuevas que cante la gente. Aun cuando hoy no siento una cultura que me apañe y me avale, me es inevitable disfrutar de lo que hago.

¿Hay que cuidarse del futuro, entonces?

Tengo 50 pirulos y la secreta esperanza de ver algo más. Me sigue enamorando la música bien hecha, pero se nos ha obligado a vivir la misma cultura varias veces. No es lo mejor, al menos para los que buscamos permanentemente otros motivos de interés. Espero un cambio tan grande que me deje afuera. Desde hace quince años que lo espero…


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