Los Redondos y Humberto Ecco

Algunos paralelismos entre la obra de Ecco y la de Solari.

Autor y fecha desconocidos. Extraída de la web Mundo Redondo. 1996

Umberto Eco advertía, en 1962, que la obra de arte contemporánea se presenta como una verdadera metáfora epistemológica de nuestro tiempo, describiendo la manera de ver el contexto en que se vive, con la totalidad de elementos y en su plenitud de actualidad. Pero al mismo tiempo, se manifiesta como obra abierta, y en ocasiones, en movimiento. Ya nadie duda que algunas producciones artísticas demandan la imprescindible e ineludible participación interpretativa del gozador de las mismas, recayendo en el momento de la recepción la especial atención del creador al momento de imaginar el proceso generativo.

Y el rock and roll, como expresión artística y objeto de cultura, tolera diversos análisis, y además, posibilita profundizar en la intención estética de algunos creadores que conscientemente han buscado provocar interesantes efectos multívocos al presenciar sus obras. Pero vayamos al universo del rock. A la esfera de los que trascendieron el nivel de la inmanencia musical, y revolucionaron el campo del pensamiento, aproximándose al ámbito de reflexiones propias de filósofos.

En nuestro país, se erige en La Plata, en 1977, desde el underground, una banda rockera liderada por el mítico e inexistente Patricio Rey. Ocho años después debutaban discográficamente, presentándose como un grupo de visión crítica y ambigua poética, en la que profundizan todas las temáticas que preocupan al hombre, y que en clara alusión a la posmodernidad, y a lo vertiginoso y efímero del star system y el rock business, nos dicen que hay caballos que se mueren potros sin galopar. Su indiscutido ideólogo, el Indio Solari, se revela como un lúcido pensador, que a la manera de lo anticipado por Umberto Eco, compone temas de ambigua poesía de la que reconoce que al escribirla imagina que sus gozadores será libres como para digerir un lenguaje que tiene la suficiente cuota de múltiples significados como para involucrarlos, porque el poeta debe ser metafórico, enigmático y misterioso.

En 1986 editan Oktubre, remitiéndola a la Rusia zarista de 1917 y a su revolución de Oktubre, aunque el mismo Solari se encargue de negar esta relación, tal vez con la intención de dificultar una interpretación unívoca. Pero Umberto Eco hablaba en Obra Abierta de las obras en movimiento, aquellas que debemos organizar y estructurar, reinventándolas cada vez que estamos frente a ellas. Como sucede ante la oportunidad presenciar una obra de arte, o de rock, abierta en su esencia, en un recital en vivo. Por ahora, la única manera de ver a Los Redonditos de Ricota es asistir a una de sus presentaciones, especie de ritual, mitad religioso, mitad pagano, en el que Solari es un chamán, un parco brujo tribal que cura con su esperada palabra y su fascinante danza a las atentas bandas, dispuestas a recibir el mensaje de un creador cuya clave de interpretación puede jugarse en una sola frase, donde un joven lobo se puede quemar de amor.

Con Los Redondos, a veces una simple historia encierra un mensaje profundo, y la libertad puede consistir en rebelarse al propio destino, el que impone una vida de sometimientos y reverencias, jugando roles impuestos por el establishment, porque aunque se sea un perro, lo mejor y lo único que se puede hacer es desobedecer.

En el universo del rock parece como poco menos que impensable que duros e inconmovibles músicos, disconformes y rebeldes por definición, dediquen memorables páginas al tema del amor, esa locura, esa poderosa deidad que mueve a querer conquistar aún lo imposible, aunque se sufra y gradualmente nos vayamos destruyendo. Pero el Indio Solari, hombre al fin, es capaz de escribir los versos más tristes, si por amor se trata. «¿Vas a volver a herirme? En tu ternura está acechándome una buena traición de mujer. Sobrio no te puedo ni hablar, y estoy perdido sin mi estupidez. Y porque dos que se quieren se dicen cualquier cosa», y no olvida que su amor todavía le dá descargas. O también puede confesar que: «Ella sí que era el fuego,/ ella sí que bailaba en las llamas./ Por primera vez tengo miedo de no hacer bien mi papel./ Yo ya no puedo partir./ Me ata un fuego y mi sueño duerme aquí». Y este semidios posmoderno de la comunicación vibra pensando en Ángeles, o en La hija del fletero. Todas y una. Siempre la misma. Porque «ella fue la más linda del amor/ que un tonto ha visto soñar».
Pero su estrella se agotó, y era su lujo. No olvidemos que en la antigüedad, la reflexión filosófica no exigía un lenguaje difícil con pretensión de interpretación única, porque cuando se busca analizar el sentimiento, los conceptos lo desbordan y requieren una comprensión casi mística, debiendo utilizar la metáfora, posibilitando imaginar lo irrepresentable, como nuestra banda en cuestión, que en su hasta hoy último álbum conceptual, Lobo suelto, cordero atado, a la manera de Demian de Herman Hess y su divinidad maniquea Abraxas, nos plantea que en todos nosotros conviven al mismo tiempo el bien con el mal, el pecado con la virtud, y a un ladrón lo puedo matar con mi amor. Y en el marco del juego del poder, algunos se la creen. Tuvieron un golpe de audacia, y se la dieron de timberos fogosos y feroces, de esos que nunca muestran todo el mazo. Y hoy comen la gran manzana. Y no te dejan ni pepita.

Hoy día Patricio Rey es un excelente producto de marca registrada, con trabajo de márketing y buen packaging. Así y todo, el incomparable carisma del super profesional Solari, el magnetismo y seducción de su mágica voz, y el impecable sonido del grupo, y su Estética en movimiento sobran para que sigan siendo la mejor banda de verdadero rock nacional. Ya no tocan en los pubs. Ahora suenan en La Rural, o en Obras, o en Huracán. Mayor convocatoria, que le dicen. Lejos quedó el underground. Hoy todo está en venta en la Nueva Roma. Y ¡Maldición!, va a ser un día hermoso para un verdadero Patricio súper show. Aunque en un intento de volver a las fuentes, ese eterno retorno de los griegos, hoy día sólo se presentan en Mar del Plata, en San Carlos Centro y en Concordia.

Ya es indudable, por todo lo expuesto, que el Indio Solari, con los Redonditos de Ricota, ha tomado especialmente en cuenta la anticipación pragmática que realizara Eco en Obra abierta, en 1962, insustituible para una hermenéutica de la obra de arte, que pone especial atención en la instancia del usuario, imaginando un lector modelo ejerciendo actos de libertad consiente para una obra que se presenta como abierta, a veces en movimiento, e invariablemente como metáfora epistemológica de nuestro tiempo.

Los que tienen prejuicios acerca de los creadores del rock podrían pensar que al Indio le resultan las letras de sus temas con una ambigüedad polisémica como consecuencia de la casualidad, pero ya lo explicitó: «En los regímenes totalitarios la retórica, que es uno de los aspectos fundamentales del lenguaje, suele ser dejada de lado para privilegiar un lenguaje llano y directo que no dice nada de los matices que tiene la vida… Si tuviera que escribir poesía con resoluciones me dedicaría a otra cosa. (1)»


Citas:
(1) Los Redonditos de Ricota, o el purgatorio de la fama. Clarín, Sección Espectáculos, entrevista de Javier Febré. Buenos Aires, 10/05/94. pp 2-3.

Material extraído del libro «Rock y Escuela», Formación Ética – Estrategias Didácticas. 3er Ciclo E.G.B. – Polimodal, de Ernesto G. Edwards y Alicia M. Pintus.


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