LETRA
No sirve despreciar el pasado
Y ficharle al futuro no basta
Vivimos un tiempo ya muerto
Y el presente se hace inaguantable.
Reflejada en mis ojos la muerte
Se inclina a mis pies se adelanta
Estaré vivo en dos mil años
Como quienes ya han visto el final.
¡No hay muerte! Ni falsas primaveras.
¡Demos un grito de guerra!
¡Demos un grito de guerra!
Bailemos la vida cerca del abismo.
¡Demos un grito de guerra!
¡Demos un grito de guerra!
Bailemos la vida cerca del abismo
Con giros desafiantes
Una bella danza doliente
Siempre bailada con gracia.
Mientras nacemos con manos y pies
Y soñamos con estrellas lejanas
Con pasto bajo los pies
Y la sorpresa esperando.
Puede ser que estemos condenados
Que no tengamos esperanza ninguna
Gritemos el último aullido
Que hiele la sangre en un grito desafiante.
¡No hay muerte! Ni falsas primaveras.
¡Demos un grito de guerra!
¡Demos un grito de guerra!
Bailemos la vida cerca del abismo.
¡Demos un grito de guerra!
¡Demos un grito de guerra!
Bailemos la vida cerca del abismo
Con giros desafiantes
Una bella danza doliente
Siempre bailada con gracia.
¡Siempre bailada con gracia!
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MÁS INFO SOBRE ESTA CANCIÓN
Grito de Guerra! – La historia de Mavi
«El día que conocí a Mavi me sorprendió que con dieciséis años haya tenido la capacidad para conectarse conmigo, que soy un tipo muy complejo. Parece que ella sabía muy bien su destino. Y cuando alguien sabe eso de antemano, se pone inteligente muy rápidamente, porque ‘a vivir que son dos días'» . Con esas palabras el Indio describió a Mavi, una mañana de octubre de 2016, en Luzbola.
María Victoria Lata, o Mavi, era una adolescente fanática de Los Redondos, como muchos de nosotros. Mavi solía juntarse con sus amigos en su casa de Ramos Mejía para escuchar las canciones de Patricio Rey, pero también le gustaba La Renga, Las Pelotas, y Los Rolling Stones.
A los 16 años su vida y la de sus padres, Luis Rolando Lata y Silvia Cattino, cambió para siempre. A Mavi le detectaron una enfermedad malvada, que la castigó mucho. Algunos días la batalla se tornaba asfixiante y Mavi se resistía a someterse al tratamiento que aconsejaban los médicos del Hospital Garrahan. A comienzos de 1999 su mamá Silvia, desesperada, le escribió a Virginia, la esposa de Solari, para pedirle que él intentara con sus palabras darle ánimo. El Indio le envió una carta y la llamó varias veces por teléfono. El 8 de abril de 1999, el día del cumpleaños de Mavi, la invitó a conocer Luzbola, su estudio de grabación.
Pero cuando el día tan esperado llegó, Mavi presentaba un cuadro de fiebre muy alta y no tenía fuerzas para levantarse de la cama. Bajo una lluvia extenuante, Silvia manejó su auto por Acceso Oeste y cuando llegó a la casa de Indio y Virginia les explicó la situación que atravesaba su hija.
«¿Podemos dejar la invitación pendiente para otra oportunidad”, preguntó Silvia. “¿Te molesta si vamos ahora a visitarla?”, respondió Indio. Y salieron juntos rumbo a Ramos.
– Mientras me seguían con su auto para no perderse, yo pensaba: “Le estoy llevando un pedacito de felicidad a mi hija”.
Cuando llegaron a la casa, Silvia abrió la puerta de la habitación de Mavi y le dijo: “Vino alguien a visitarte”.
– Imaginate su emoción, era la primera vez que lo veía personalmente. Creo que a veces él no comprende por qué estamos tan agradecidos. Indio y Virginia tuvieron un gesto maravilloso. Ese día la vimos reírse después de mucho tiempo.
Silvia y Luis sintieron que Mavi había recuperado la alegría.
A pesar de que Mavi nunca le contó a sus padres detalles de las conversaciones filosóficas que mantuvo con Indio y los temas que hablaron aquella tarde de 1999 que él la fue a visitar, Silvia sabe que abordaron temas muy profundos. «Recuerdo que cuando él salió de la habitación me dijo que estaba sorprendido por los diálogos que habían tenido y la alegría con la que lo había recibido Mavi, que estaba lejos de comportarse como una fan».
En esa charla que duró algunas horas, Indio le recomendó a Mavi que leyera Primavera Negra. Ese mismo día, luego de recorrer una docena de librerías de la calle Corrientes, Silvia pudo localizar el libro en el último puesto del parque Rivadavia. Esa noche Mavi comenzó a leerlo.
Mavi partió hacia un cielo de ricota el 22 de mayo de 1999. Algunas semanas más tarde, en medio del dolor, Silvia le escribió una carta a Virginia en la que le explicaba lo difícil que era pensar en que Mavi dejara de estar presente en la memoria de los demás: “A veces no sé cómo mantener el recuerdo. No en uno, sino que la gente sepa de su existencia”. Tiempo después en River, en abril del año 2000, antes de tocar “Juguetes perdidos” Indio le dijo a las 60 mil personas presentes en el estadio: “Teníamos pensado dedicarle esta canción a algunos redonditos que nos están mirando desde las plateas más altas: a Yiyo, a Mini, a Mavi, a Walter, a Leandro y a Mariano. Ayúdenme, estoy muy emocionado”.
Decididos a perpetuar el recuerdo de Mavi sus padres y amigos fundaron Mavirock, la banda que la homenajea, y la revista del mismo nombre, que se convirtió en una publicación imprescindible para la cultura rock.
«Supongamos que se entiende que los padres se hayan dedicado a mantener viva la imagen de su hija, pero los amigos suelen olvidarse -dice el Indio-. Lo que siempre me generó admiración y me hizo situar a Mavi en un lugar especial de mi vida fue la relación de los amigos y todo el mundo, que transformaron a una piba en algo especial: armaron una banda e hicieron una revista, que es una de las mejores que hay».
Algunos años más tarde, mientras comenzaba a componer el cuarto disco de Mavirock, la mamá de Mavi descubrió algunos fragmentos escritos por su hija. Algunas de las frases pertenecen al libro «Primavera negra», que el Indio le había recomendado en su visita. Con gran habilidad terminó de escribir y componer la canción, que se llamó «Grito de guerra!». Le pidió a Solari si podía cantar el estribillo. Finalmente, luego de varias charlas, el Indio sugirió algunas modificaciones en la letra y aceptó cantarla de forma completa: «Me hice cargo de cantar toda la canción -explica Solari-, porque primero me dieron ganas de cantarla y, segundo, lo que rescató Mavi no eran pavadas, sino cosas que quizá en ese momento de la vida uno sabe elegir bien para incorporarlas a su ser».
Martín Carrizo se encargó de la grabación y de la edición. Fue el nexo entre Indio y la gente de Mavirock.
«Si bien el tema no deja de ser rock barrial, tiene una musicalidad importante y en un momento se produce un cambio de armónicos que quedaron muy piolas. Fue un placer poder cantarlo. Yo creo que esta canción va a ser un hit», opina Solari.
Redondos Subtitulados, 25 de febrero de 2017
Eran los noventa cuando Mavi escribió la letra de Grito de Guerra, tema al que el Indio Solari le puso la música. Para presentar tal homenaje, Juan y Edu recibieron a los padres de Mavi y se desencadenó una nota llena de recuerdos.
Durante uno de los shows en River el Indio, muy emocionado, recuerda a Mavi y a los simpatizantes de Los Redondos fallecidos, y les dedica el tema «Juguetes perdidos»: «Bueno… teníamos pensado dedicarle esta canción a algunos Redonditos que nos están mirando desde las plateas más altas: a Yiyo, a Mili, a Mavi, a Walter, a Leandro, a Mariano… ellos están allá arriba… ¡ayúdenme, estoy muy emocionado!»
FICHA TÉCNICA
Disco: Transmutaciones: no hay muertes ni falsas primaveras
Mavirock (ft. Indio Solari)
Año: 2016
Duración: 03:31
Letra compuesta por María Victoria Lata e interpretada por Indio Solari.
Este proyecto prevé que lo recaudado con la compra digital de este track tenga como destino final el área de oncología del Hospital pediátrico Garrahan, de la Ciudad de Buenos Aires.
La canción forma parte del cuarto álbum de Mavirock, Transmutaciones (2016).
Ficha técnica:
Grabado en Luzbola.
Letra original: Maria Victoria Lata / Indio Solari
Música: Mavirock


